En mi pueblo nadie
averigua nada, pero todo se sabe, lo secretos se develan, las verdades se
convierten en murmullos, los rumores
trasforman en creíbles las mentiras y los supuestos andan de boca en
boca sin que alguien oiga o diga algo, solo se dispersa el “no sabes que . . .”
como un eco repetido que sin intención aparente se riega en cuchicheo silente.
Es un arte averiguar
sin preguntar, nada pasa desapercibido, lo que hagas o dejes de hacer todos lo sabrán
sin querer saberlo, creo sin temor a equivocarme que son capaces de leer tus
pensamientos y saber de antemano lo que vas a hacer o te va a pasar, como si
Dios Todo Poderoso las hubiese tocado con el Don Divino de la premonición.
Todos los habitantes
del pueblo se dedican a este deporte, y por mi casa viven las dos máximas exponente de este singular talento, no tienen
que envidiarle su capacidad y poder de comunicación a ningún reportero,
periódico o radio, es mas, la información que ellas tienen es fidedigna y de
primera mano y no te cuesta ni un centavo, solo tienes que pasar como quien no
quiere la cosa por el frente de sus casas, para que te enteres de los últimos acontecimientos
del pueblo, pero en compensación tienes el peligro de dejar como pago tus
guardados.
La mas vieja de las
dos, vive cerca de mi casa, casi al lado, su figura y vestimenta es de lo mas
curiosa y extravagante; el pelo descolorido por el tiempo, tiene visos de todos
los colores de las tintes y que para verse mejor usaba otrohora, vestida
estrafalariamente con unos pantalones a media pierna, que no son ni cortos ni
largos, que en tiempos pasados eran a rayas las cuales han desaparecido por completo, que
le quedan grandes no porque no sean de ella, sino que los usa desde que era una
moza bien plantada y rellenita que levantaba murmullos y miradas de admiración cuando pasaba, y ahora no tiene
carnitas ni para hacer una empanada.
Completa su atuendo
extraño y fuera de toda comprensión una franela sin color definido, que había
sido roja en otros tiempos, que le llega casi a las rodillas; calza unas botas
viejas con trabillas que le dan un aspecto de explorador perdido, prendas estas
heredadas de su difunto esposo, que no se quien de ellos habría quedado mas
aliviado, si él al morirse o ella al enviudar, por lo mal que aparentemente se
llevaban, lo que se dejaba entrever por las discusiones continuas y acaloradas
que mantenían todos los días y hasta durmiendo.
Se le ve a cualquier
hora del día en cuclillas, al pie de un fogón casi apagado, tratando con una
varita de remover y atizar las brazas que aun quedan para calentar una agua de
café que de este solo queda el color, para aliviar los retorcijones de las
tripas vacías por el continuo y prolongado ayuno a las que eran sometidas inmisericordemente.
En ese ir y venir
del patio al frente y del frente al patio ejercía su oficio de difundir lo que
los demás no sabían y averiguar lo que los otros callaban, esto lo hacia sin
remilgos ni complejos de ninguna clase y con la pasión que había atesorado con
la edad y el tiempo de experiencia en el
servicio de encausar noticias perdidas, renovar las abandonadas y difundir las
nuevas con promisión y sin reparo.
A esta señora empecé
a tratarla lo menos posible desde el día que supe que tenia el don de interpretar
el canto de los gallos y saber lo que decían los perros al ladrar.
Sucedió que mi
compadre, el que vive en el campo, me regaló un pollo grandísimo de los que el
criaba para vender y que para que lo invitara al sancocho el día que lo matara.
Esa noche amarré el pollo en el patio y al otro día en la madrugada, antes de
irme para el trabajo, agarré al pollo y lo dejé ya despresado en la nevera.
Cuando en la tarde
regresé al pueblo del trabajo, mi mujer me contó que la vecina (vivíamos casa
por medio) le preguntó por el gallo porque había cantado toda la noche y no la
dejó pegar el ojo ni un instante, algo que era normal en ella para estar al
tanto de lo que pasara o pudiese pasar, (servicio las 24 horas) a lo que mi
mujer le respondió que ya lo había matado.
La vecina con una
cara de satisfacción digna de verse, como quien está infaliblemente convencida de lo que piensa y
dice, lanzo una exclamación que envidiaría cualquier actor de teatro y con las
manos extendidas hacia arriba como implorando al cielo o dando gracias, dijo
con pasión reprimida: Dios mío ya lo
decía, que ese canto tan triste del gallo era porque el pobre sabia que esa era
su ultima noche.
Me quedé de una
pieza pensando que esa señora tenia algo sobrenatural y si gozaba de la
facultad de leer los pensamientos del gallo, que se dejaba para los simples
mortales como yo, que inclusive, mi mujer me decía que yo era un libro abierto
que cualquiera podía leer, con razón últimamente había notado que la vecina ya
ni se molestaba en mirarme cuando pasaba por el frente de su casa y mucho menos
hablar conmigo para enterarse de cualquier cosa que sucedía o fuera a suceder a
mi alrededor por muy insignificante que me pareciera.
A partir de ese día cuando
salía para la calle, le daba la vuelta a la manzana para evitar que la
vecina me viera, pero a veces se me
olvidaba el propósito de tomar el camino mas largo y al pasar por su casa tenía
la sensación que me estaban exprimiendo el cerebro.
La otra exponente de
los artilugios comunicacionales es completamente diferente a la primera vecina.
Vive de la pensión de enfermera jubilada y se vino a vivir al pueblo cuando enviudó de un señor que le
hacia la vida imposible por los celos, y que buscando paz y tranquilidad. Se trajo para acompañarla a una
nieta execrada por sus padres por haber dado un mal paso y a raíz de este le
quedo como premio un niño pequeño que era el consentido de la señora.
Era muy buena gente
ya que cuando la colega la visitaba para compartir sus descubrimientos (viven
frente con frente) la complacía con uno que otro aperitivo y bocadito de comida que a esta no le caían
nada mal por cierto, dada su escases monetaria.
En estas tertulias
era cuando disfrutaban a sus anchas panchas, compartiendo alegre, libre, sana y
espontáneamente sus descubrimientos y daban rienda suelta a sus predicciones:
Que si fulano se va a ir de su casa, que zutano le dio unos golpes a su mujer,
que al otro se le murió el burro por no darle comida, que aquel cree que es el
mejor hombre del pueblo o que alguno le esta sonsacando la mujer del vecino y puede ocurrir una
tragedia y pare usted de contar, esas reuniones eran largas pero sabrosas en su
contenido. Al despedirse no se daban ni un saludo, solo compartían una risita
socarrona.
Se visitaban a
menudo y cuando no lo hacían se sentaban cada una en el frente de su casa y se
trasmitían los mensajes telepáticamente (tecnología de punta), es un riesgo
entrar en su red, pero si no lo estas, también tienes el riesgo de caer en el
olvido y el ostracismo.
La afición seria y
responsable por la investigación, aunque yo creo que ya la practicaba por
diversión, la empezó a practicar esta señora de la que les estoy hablando
últimamente, después que se rompió un tobillo una noche que se cayó en el patio
de su casa por estar haciendo no se que cosa, y estoy mas que seguro que su
vecina si lo sabe, pero como buenos bomberos que son, no se pisan la manguera.
Bueno les decía que
la señora en cuestión se fracturó el tobillo y le pusieron un yeso lo que la
obligó a guardar reposo que ella por su propia cuenta ha prolongado
indefinidamente.
A partir del
accidente buscado y dudoso, quedó con la costumbre de sentarse en el frente de
su casa debajo de un frondoso árbol que la da sombra todo el día, ahí desayuna,
almuerza y cena, lo que le falta es hacer sus necesidades en el sitio, que por
lógica natural no puede y son los únicos momentos que abandona la guardia o “vigilancia
del sector”.
Esta señora es muy
cauta para averiguar sin preguntar, parece que tomó cursos de entrevistas o interrogatorio con el FBI o
la CIA norteamericana, pues te saca las tripas y no te das cuenta ni como ni
cuando y te quedas tan tranquilo creyendo que no le has confesado nada que se
pueda usar para incomodarte.
Te suelta una seña
de una verdad o de algo que tu sabes de otro para ver como reaccionas y poco a
poco te va envolviendo en una telaraña conversatoria que tu crees que es un
dialogo inocente o sin sentido por parte de ella, pero que es como una droga
para soltar la lengua.
Un infausto día la
agarró conmigo; me vine temprano del trabajo porque sentía un dolor en la
espalda de una fuerza indebida que hice y al pasar por el frente de su casa,
(por la otra acera no pasaba por lo del asunto del canto del gallo) la saludé cortes y amigablemente y ella como
quien quiere y no quiere me ofreció café, muy sabroso por cierto, de un termo
que tenia a su lado en una mesita al que
nunca le faltaba el café. (Ahora después de ese día, creo que la vaina estaba
en el café) Le acepté la invitación al café y llamó a la nieta para que me lo
sirviera.
Las casas de pueblo
casi ninguna tiene cerca en el frente y esta era una de esas, por lo que a la
señora se le facilitaba el contacto con las personas que por su frente pasaban,
y además estaba el gancho de un cafecito bien bueno que la nieta colaba.
La señora me señaló
un taburete para que me sentara, el cual estaba forrado con cuero de burro y
que para que durara, ya que hay la creencia que el burro tiene el cuero duro.
Después de la experiencia de esa tarde con la señora creo que esto era un
pretexto, mas bien estoy seguro que el cuero del burro trasmite
la paciencia y docilidad de este y uno se deja inocentemente investigar sin poner
resistencia. El taburete lo había convertido la señora en una herramienta de
interrogatorio.
Sentado en la silla
de la tortura o de los acusados de un delito por descubrir y con la encubietrta
inquisidora mirándome amablemente, me
esforzaba inútilmente tratando de no pensar en nada para no exponerme a su
escrutinio o un vaciado de cerebro,
cuando con una sonrisa cándida y una voz melosa me soltó una media verdad sin
anestesia: “Tu mujer no está en la casa, esta mañana después que te fuiste para
el trabajo, agarró los muchachos y los llevó para donde la señora fulana y se
fue rumbo a la ciudad y todavía es la hora que no ha regresado”.
Me quedé frio por la
sorpresa, esa vaina fue como a las cinco de la mañana, yo me fui adelante para
guardarle un puesto en el bus mientras ella acomodaba los muchachos, porque mi
mujer iba a renovar la cedula y cuando saliera de esa diligencia visitaría a
sus padres que en la tarde la traerían para la casa y aprovecharían el viaje
para llevarse unas verduras, huevos y unos pollos que mi compadre
consecuentemente me suplía no solo por el sacramento que nos unía, sino porque
los ahijados vivían en mi casa de lunes a viernes para que pudieran asistir a
la escuela.
No supe que decirle
a la señora, tenia que haberle contado la verdad, pero no quería estar
informándole a nadie los asuntos de la familia y en un instante de deslucidez
quise ser humorista y me salió una comiquita respondiéndole con una pregunta,
tratando de ver cual era su versión o que se traía entre manos, le dije ¿Cómo
va ser? Este fue el principio de mi tragedia, la señora no me contestó nada, terminé
mi café, le dije hasta luego, busqué los muchachos, los llevé para la casa, al
rato llegó la mujer con los suegros y di por terminado el asunto.
Mi familia estaba de
boca en boca, habíamos entrado a formar
parte de las tertulias y del cuchicheo del pueblo y solo empecé a sospechar que
pasaba algo cuando la gente me miraba y
se sonreía, a todas estas nunca le conté ni le he contado a mi mujer el
encuentro con la vecina.
Me aguanté un
tiempito esta situación y cuando se terminaron las clases, un viernes en la
tarde que el compadre se llevó los muchachos para su hacienda, alquilé un
camión y me mudé para la casa de los suegros. Me siento mas tranquilo nadie me
mira con picardía, soy un libro cerrado y no me preocupo por lo que haga o deje
de hacer. Y a la larga no me importa lo que digan de mi persona.
Decidí escribir esta
experiencia, que espero que a ninguno de ustedes le pase, ahora que me siento
libre de acoso, pero de vez en cuando se me cae el bolígrafo, y yo me digo , tranquilo viejo no pasa nada y
si al leer esta historia crees que es un
invento allá tu.
En ese pueblo los
que no vuelan corren y a mi me hicieron volar o por lo menos salir corriendo.
ZAPE
GATO
Euclides
Vargas Johnson