jueves, 26 de marzo de 2015

EN ESTE PUEBLO EL QUE NO VUELA CORRE

            En mi pueblo nadie averigua nada, pero todo se sabe, lo secretos se develan, las verdades se convierten en murmullos, los rumores  trasforman en creíbles las mentiras y los supuestos andan de boca en boca sin que alguien oiga o diga algo, solo se dispersa el “no sabes que . . .” como un eco repetido que sin intención aparente se riega en cuchicheo silente.
Es un arte averiguar sin preguntar, nada pasa desapercibido, lo que hagas o dejes de hacer todos lo sabrán sin querer saberlo, creo sin temor a equivocarme que son capaces de leer tus pensamientos y saber de antemano lo que vas a hacer o te va a pasar, como si Dios Todo Poderoso las hubiese tocado con el Don Divino de la premonición.
Todos los habitantes del pueblo se dedican a este deporte, y por mi casa viven las dos máximas  exponente de este singular talento, no tienen que envidiarle su capacidad y poder de comunicación a ningún reportero, periódico o radio, es mas, la información que ellas tienen es fidedigna y de primera mano y no te cuesta ni un centavo, solo tienes que pasar como quien no quiere la cosa por el frente de sus casas, para que te enteres de los últimos acontecimientos del pueblo, pero en compensación tienes el peligro de dejar como pago tus guardados.
La mas vieja de las dos, vive cerca de mi casa, casi al lado, su figura y vestimenta es de lo mas curiosa y extravagante; el pelo descolorido por el tiempo, tiene visos de todos los colores de las tintes y que para verse mejor usaba otrohora, vestida estrafalariamente con unos pantalones a media pierna, que no son ni cortos ni largos, que en tiempos pasados eran a rayas  las cuales han desaparecido por completo, que le quedan grandes no porque no sean de ella, sino que los usa desde que era una moza bien plantada y rellenita que levantaba  murmullos y miradas  de admiración cuando pasaba, y ahora no tiene carnitas ni para hacer una empanada.
Completa su atuendo extraño y fuera de toda comprensión una franela sin color definido, que había sido roja en otros tiempos, que le llega casi a las rodillas; calza unas botas viejas con trabillas que le dan un aspecto de explorador perdido, prendas estas heredadas de su difunto esposo, que no se quien de ellos habría quedado mas aliviado, si él al morirse o ella al enviudar, por lo mal que aparentemente se llevaban, lo que se dejaba entrever por las discusiones continuas y acaloradas que mantenían todos los días y hasta durmiendo.
Se le ve a cualquier hora del día en cuclillas, al pie de un fogón casi apagado, tratando con una varita de remover y atizar las brazas que aun quedan para calentar una agua de café que de este solo queda el color, para aliviar los retorcijones de las tripas vacías por el continuo y prolongado ayuno a las que eran sometidas inmisericordemente.
En ese ir y venir del patio al frente y del frente al patio ejercía su oficio de difundir lo que los demás no sabían y averiguar lo que los otros callaban, esto lo hacia sin remilgos ni complejos de ninguna clase y con la pasión que había atesorado con la edad y el tiempo de  experiencia en el servicio de encausar noticias perdidas, renovar las abandonadas y difundir las nuevas con promisión y sin reparo.
A esta señora empecé a tratarla lo menos posible desde el día que supe que tenia el don de interpretar el canto de los gallos y saber lo que decían los perros al ladrar.
Sucedió que mi compadre, el que vive en el campo, me regaló un pollo grandísimo de los que el criaba para vender y que para que lo invitara al sancocho el día que lo matara. Esa noche amarré el pollo en el patio y al otro día en la madrugada, antes de irme para el trabajo, agarré al pollo y lo dejé ya despresado en la nevera.
Cuando en la tarde regresé al pueblo del trabajo, mi mujer me contó que la vecina (vivíamos casa por medio) le preguntó por el gallo porque había cantado toda la noche y no la dejó pegar el ojo ni un instante, algo que era normal en ella para estar al tanto de lo que pasara o pudiese pasar, (servicio las 24 horas) a lo que mi mujer le respondió que ya lo había matado.
La vecina con una cara de satisfacción digna de verse, como quien está  infaliblemente convencida de lo que piensa y dice, lanzo una exclamación que envidiaría cualquier actor de teatro y con las manos extendidas hacia arriba como implorando al cielo o dando gracias, dijo con pasión reprimida: Dios mío ya lo decía, que ese canto tan triste del gallo era porque el pobre sabia que esa era su ultima noche.
Me quedé de una pieza pensando que esa señora tenia algo sobrenatural y si gozaba de la facultad de leer los pensamientos del gallo, que se dejaba para los simples mortales como yo, que inclusive, mi mujer me decía que yo era un libro abierto que cualquiera podía leer, con razón últimamente había notado que la vecina ya ni se molestaba en mirarme cuando pasaba por el frente de su casa y mucho menos hablar conmigo para enterarse de cualquier cosa que sucedía o fuera a suceder a mi alrededor por muy insignificante que  me pareciera.
A partir de ese día cuando salía para la calle, le daba la vuelta a la manzana para evitar que la vecina  me viera, pero a veces se me olvidaba el propósito de tomar el camino mas largo y al pasar por su casa tenía la sensación que me estaban exprimiendo el cerebro.
La otra exponente de los artilugios comunicacionales es completamente diferente a la primera vecina. Vive de la pensión de enfermera jubilada y se vino a vivir  al pueblo cuando enviudó de un señor que le hacia la vida imposible por los celos, y que buscando paz y  tranquilidad. Se trajo para acompañarla a una nieta execrada por sus padres por haber dado un mal paso y a raíz de este le quedo como premio un niño pequeño que era el consentido de la señora.
Era muy buena gente ya que cuando la colega la visitaba para compartir sus descubrimientos (viven frente con frente) la complacía con uno que otro aperitivo y  bocadito de comida que a esta no le caían nada mal por cierto, dada su escases monetaria.
En estas tertulias era cuando disfrutaban a sus anchas panchas, compartiendo alegre, libre, sana y espontáneamente sus descubrimientos y daban rienda suelta a sus predicciones: Que si fulano se va a ir de su casa, que zutano le dio unos golpes a su mujer, que al otro se le murió el burro por no darle comida, que aquel cree que es el mejor hombre del pueblo o que alguno le esta sonsacando  la mujer del vecino y puede ocurrir una tragedia y pare usted de contar, esas reuniones eran largas pero sabrosas en su contenido. Al despedirse no se daban ni un saludo, solo compartían una risita socarrona.
Se visitaban a menudo y cuando no lo hacían se sentaban cada una en el frente de su casa y se trasmitían los mensajes telepáticamente (tecnología de punta), es un riesgo entrar en su red, pero si no lo estas, también tienes el riesgo de caer en el olvido y el ostracismo.
La afición seria y responsable por la investigación, aunque yo creo que ya la practicaba por diversión, la empezó a practicar esta señora de la que les estoy hablando últimamente, después que se rompió un tobillo una noche que se cayó en el patio de su casa por estar haciendo no se que cosa, y estoy mas que seguro que su vecina si lo sabe, pero como buenos bomberos que son, no se pisan la manguera.
Bueno les decía que la señora en cuestión se fracturó el tobillo y le pusieron un yeso lo que la obligó a guardar reposo que ella por su propia cuenta ha prolongado indefinidamente.
A partir del accidente buscado y dudoso, quedó con la costumbre de sentarse en el frente de su casa debajo de un frondoso árbol que la da sombra todo el día, ahí desayuna, almuerza y cena, lo que le falta es hacer sus necesidades en el sitio, que por lógica natural no puede y son los únicos momentos que abandona la guardia o “vigilancia del sector”.
Esta señora es muy cauta para averiguar sin preguntar, parece que tomó cursos  de entrevistas o interrogatorio con el FBI o la CIA norteamericana, pues te saca las tripas y no te das cuenta ni como ni cuando y te quedas tan tranquilo creyendo que no le has confesado nada que se pueda usar para incomodarte.
Te suelta una seña de una verdad o de algo que tu sabes de otro para ver como reaccionas y poco a poco te va envolviendo en una telaraña conversatoria que tu crees que es un dialogo inocente o sin sentido por parte de ella, pero que es como una droga para soltar la lengua.
Un infausto día la agarró conmigo; me vine temprano del trabajo porque sentía un dolor en la espalda de una fuerza indebida que hice y al pasar por el frente de su casa, (por la otra acera no pasaba por lo del asunto del canto del gallo)  la saludé cortes y amigablemente y ella como quien quiere y no quiere me ofreció café, muy sabroso por cierto, de un termo que tenia a su lado en una mesita al  que nunca le faltaba el café. (Ahora después de ese día, creo que la vaina estaba en el café) Le acepté la invitación al café y llamó a la nieta para que me lo sirviera.
Las casas de pueblo casi ninguna tiene cerca en el frente y esta era una de esas, por lo que a la señora se le facilitaba el contacto con las personas que por su frente pasaban, y además estaba el gancho de un cafecito bien bueno que la nieta colaba.
La señora me señaló un taburete para que me sentara, el cual estaba forrado con cuero de burro y que para que durara, ya que hay la creencia que el burro tiene el cuero duro. Después de la experiencia de esa tarde con la señora creo que esto era un pretexto, mas bien estoy seguro que el cuero del burro  trasmite  la paciencia y docilidad de este y uno se deja   inocentemente investigar sin poner resistencia. El taburete lo había convertido la señora en una herramienta de interrogatorio.
Sentado en la silla de la tortura o de los acusados de un delito por descubrir y con la encubietrta inquisidora mirándome amablemente,  me esforzaba inútilmente tratando de no pensar en nada para no exponerme a su escrutinio o  un vaciado de cerebro, cuando con una sonrisa cándida y una voz melosa me soltó una media verdad sin anestesia: “Tu mujer no está en la casa, esta mañana después que te fuiste para el trabajo, agarró los muchachos y los llevó para donde la señora fulana y se fue rumbo a la ciudad y todavía es la hora que no ha regresado”.
Me quedé frio por la sorpresa, esa vaina fue como a las cinco de la mañana, yo me fui adelante para guardarle un puesto en el bus mientras ella acomodaba los muchachos, porque mi mujer iba a renovar la cedula y cuando saliera de esa diligencia visitaría a sus padres que en la tarde la traerían para la casa y aprovecharían el viaje para llevarse unas verduras, huevos y unos pollos que mi compadre consecuentemente me suplía no solo por el sacramento que nos unía, sino porque los ahijados vivían en mi casa de lunes a viernes para que pudieran asistir a la escuela.
No supe que decirle a la señora, tenia que haberle contado la verdad, pero no quería estar informándole a nadie los asuntos de la familia y en un instante de deslucidez quise ser humorista y me salió una comiquita respondiéndole con una pregunta, tratando de ver cual era su versión o que se traía entre manos, le dije ¿Cómo va ser? Este fue el principio de mi tragedia, la señora no me contestó nada, terminé mi café, le dije hasta luego, busqué los muchachos, los llevé para la casa, al rato llegó la mujer con los suegros y di por terminado el asunto.
Mi familia estaba de boca en boca, habíamos  entrado a formar parte de las tertulias y del cuchicheo del pueblo y solo empecé a sospechar que pasaba algo cuando la gente me miraba y  se sonreía, a todas estas nunca le conté ni le he contado a mi mujer el encuentro con la vecina.
Me aguanté un tiempito esta situación y cuando se terminaron las clases, un viernes en la tarde que el compadre se llevó los muchachos para su hacienda, alquilé un camión y me mudé para la casa de los suegros. Me siento mas tranquilo nadie me mira con picardía, soy un libro cerrado y no me preocupo por lo que haga o deje de hacer. Y a la larga no me importa lo que digan de mi persona.
Decidí escribir esta experiencia, que espero que a ninguno de ustedes le pase, ahora que me siento libre de acoso, pero de vez en cuando se me cae el bolígrafo,  y yo me digo , tranquilo viejo no pasa nada y  si al leer esta historia crees que es un invento allá tu.
En ese pueblo los que no vuelan corren y a mi me hicieron volar o por lo menos salir corriendo.
ZAPE GATO
Euclides Vargas Johnson