viernes, 15 de mayo de 2015

LA HERENCIA DEL RUIDO

                                El ruido del tren es ensordecedor y parece que  oradara su cerebro como un taladro penetrando su cabeza.
Pero hay algo familiar en este ruido, es como si lo hubiera oído desde siempre, aun antes de tener conciencia de su ser.
Lo extraño es que solo tiene pocos días trabajando en el terminal de trenes, donde lo contrataron como pintor.
Hasta el presente no había tenido contacto con trenes, pero sus ruidos le resultan tan conocidos y eso es lo difícil de entender, no tiene ni idea como el ruido de los motores, el rechinar de sus ruedas en los rieles, y el inconfundible sonido del pito del tren se pueden  relacionar con él, es algo que no entiende.
Tiene conocimiento que nació en un pequeño y tranquilo pueblo donde ni luz había. El silencio bucólico era el estado normal del pueblo solo alterado por el ladrar de los perros famélicos que deambulaban por sus calles desiertas.
Sus padres se mudaron para la ciudad cuando el ya estaba en la edad de asistir a la escuela y ahí tampoco habían trenes.
Pero el ruido no le es extraño, lo oyó por primera vez el día que fue a avaluar un trabajo en el taller de mantenimiento de los trenes, y fue como si siempre lo hubiera escuchado, realmente no le molesta pero es una situación rara.
Pero lo raro empezó a suceder cuando llegó a su casa y su mujer le sirvió la cena, el ruido de los sartenes, las cucharas y los platos empezó a relacionarlos con el ruido de los trenes  y el ir y venir de la señora de la cocina al comedor y del comedor a la cocina le semejaban el ruido del motor del tren en marcha. 
Esta similitud extraña que el se creía, lo dejó sorprendido, porque desde que salió de el terminal de los trenes cada ruido que escuchaba en la calle lo relacionaba con algún otro ruido que emitían los trenes en el, taller.
De la sorpresa pasó a la inquietud, y de esta al temor, se estaba obsesionando con el ruido de los trenes y se dijo que esta situación debía  de tener alguna razón hasta ahora desconocida por el, pero que seguro tenia que averiguar.
Lo que pasaba era que por mas que lo pensaba no le encontraba una razón lógica, solo la novedad de algo nuevo que nunca había experimentado en su vida.
Entonces se dio cuenta que solo lo molestaba el recuerdo del ruido y que si no pensaba en el ruido no tenia porque preocuparse, pero le resultaba difícil no tenerlo en la mente.
Porque el asunto no era así de fácil, ya parecía que el ruido tenia vida propia, y se le había incrustado en cada uno de sus acciones,  hasta parecía que  ya el no pensaba sino que el ruido pensaba por el.
Pasó una semana bregando con el ruido omnipresente, solo lo evitaba a ratos cuando el trabajo lo absorbía, pero ya le estaba ganando la guerra al ruido, había encontrado la forma de evitarlo, era no estar pensando en el.
Pasó una semana oyendo el ruido del tren en cada cosa que se moviera, trataba de distraerse en el trabajo y solo lo conseguía a medias, pero era algo.
Un día decidió aclarar el asunto, primero habló con su padre y el hombre no tenia ni idea de lo que le estaban hablando, y de paso resulta que el papá nunca había tenido relación con alguien que tuviera que ver con trenes.
Sus padres vivían separados, él no sabia desde cuando ni porque, pero al otro día fue a visitar a su madre. Ellos tuvieron tres hijos, pero su mamá aparentemente y que lo quería a el mas que a los otros por ser el mayor.
Le llevó un presente a su madre y estuvieron un rato hablando de cosas vagas, hasta que al fin le preguntó porque el ruido del tren a el le era tan familiar.
La madre lo miró con dulzura y tristeza en el rostro, como de anhelos no realizados, se puso nostálgica y medio llorosa le respondió: “Yo también  tengo el ruido del tren siempre presente en mi mente y mi corazón, ese ruido es el que me ha sostenido hasta el día de hoy”.
Sorprendido no sabia que decir y ya iba a preguntarle a su madre el porque, cuando esta le puso la mano en la boca y siguió hablando: “Tenia como 16 años y me fui para donde mi abuela a pasar unas vacaciones. En ese lugar quedaba una estación del tren y el vecino de mi abuela tenia un hijo que trabajaba en la compañía de trenes como maquinista”.
“Una tarde nos vimos por la cerca del patio y fue amor a primera vista, pasamos un par de mese de ensueño, cuando su tren llegaba a la estación le daba dos pitazos cortos y uno largo para que yo supiera de su inmediata presencia y un día antes de irme para donde tus abuelos, lo que tenia que pasar pasó. Por eso es que te quiero tanto, eres el fruto del único amor de mi vida”
“Perdóname si el ruido del tren te ha molestado, pero es la herencia del ruido. Tu no tienes que sufrir esa molestia, déjame llevar a mi sola mis sueños y mi desdicha”.
El hombre ahora usa unas tapa orejas inmensas y solo se acuerda del ruido cuando ve a su madre quien lo  mira con picardía confidente.
Euclides Vargas Johnson 

MEDITABUNDO FILOSOFICO Y NOSTALGICO

                             Todo está oscuro y  silencioso, siente y huele el agua cerca de si, anda un poco y la encuentra, como se había quitado los zapatos de goma para sentir la arena, los pies se le mojan, el agua esta cálida y agradable al contacto de sus extremidades cansadas de caminar por el asfalto, permanece un rato  parado sintiendo como el agua se los acaricia  en un abrazo cordial de bienvenida, pero se cansa, mira al su alrededor buscando algo para sentarse, porque no quiere hacerlo en el suelo, pero no ve nada.
Explora el lugar y encuentra una silla plástica que coloca a la orilla del agua, se sienta pesadamente en ella e introduce  nuevamente sus pies en la reconfortante y agradable sensación de húmeda  placidez.
Se arremanga los pantalones hasta la rodilla  y se da una especie de masaje en las dos piernas. Siente una suave sensación de descanso inerte, está  cómodo y el ambiente invita a dejarse llevar por el momento de tranquilidad y sosiego, se siente bien, como si estuviera de vacaciones en alguna playa paradisiaca de esas que se ven en los anuncios de las revistas de viaje.
Y no es que sufra de dolores en las piernas o en alguna otra parte de su vetusto cuerpo, sino que a estas alturas ya su vigor no es el mismo, por lo que tiene que andar despacio y descansar todo lo que pueda para no abusar de sus condiciones físicas,  se puede decir  el hombre anda bien de salud y aprovecha la oportunidad para  meditar en las cosas que le van sucediendo y recrean su vida.
Pero que va, no está en el abandonarse sin pensar en nada, y empieza a cavilar como llegó a este lugar, y fue que la señora María, donde duerme ocasionalmente, lo recomendó para cuidar una casa en las afueras del pueblo, de esas que la gente llama un chalet, de una familia que solo la habita los fines de semana, no sabe porque lo hacen ni le interesa, trabajo que aceptó sin preguntar nada, solo le interesa el cambiar de aires para renovar su vida.
Porque cambiar de aires es para él es algo  diferente a lo que otros piensan. Unos creen que significa mudarse para otra parte y olvidarse del mundo, para él eso no es cambiar de aires; es hacer otras cosas, experimentar con nuevas amistades, vivir otras emociones tanto materiales como espirituales, es comer otras comidas, es mirar el esplendor  del sol cuando amanece, es mirar el ocaso del sol con la esperanza de verlo salir al otro día, es hacer estas cosas cada día como si fuera la primera vez que lo experimenta y sin mudarse para otra parte huyendo de la realidad. 
Sus necesidades son pocas y básicas, duerme cuando tiene sueño y come cuando tiene  hambre o hay la oportunidad, las otras obligaciones las hace cuando el asunto es  apremiante y pensó que todo esto lo obtendría sin mucho esfuerzo cuidando la casa, no le interesa mas nada ni siquiera que le paguen con dinero, solo necesita un sitio seguro donde pueda cubrir sus menesteres diarias y sobre todo un lugar seguro para dormir.
La señora María le informó del trabajo ya el domingo en la tarde y como tenia que presentarse  el lunes temprano, decidió salir de inmediato porque quedaba un poco lejos del pueblo, pero lo agarró la noche caminando buscando la casa, esta situación no lo preocupaba en lo mas mínimo, ya estaba acostumbrado a no encontrar de inmediato lo que buscaba sino cuando era el tiempo de hacerlo, esa era su filosofía y no le llevaba la contraria a lo previsto, lo que lo mortificaba era lo imprevisto ya que no creía en las casualidades sino en las causualidades.
La señora María le dio la dirección y las señas de la casa y que quedaba como a media hora de camino, pero ya tenia como una hora caminando y no encontraba la casa blanca y bonita con unos arboles frondosos en el frente.
Eso de la casa grande y bonita lo tenia sin cuidado, ya que había aprendido en su andar por esta vida que muchas veces las apariencias engañan, ya que lo bonito no es lo que se ve o se oculta sino lo que se es y se manifiesta, la verdad no se puede camuflar, la casa podía ser grande y bonita por fuera pero pequeña y fea por dentro, de corazón el hombre quería que no fuera así y que también fuera bonita por dentro para sentirse cómodo, pero si no, haría su parte para que lo fuera.
Seguía  caminando y el trayecto se  hacía  largo y tedioso, pero continuaba en el empeño de encontrarla, hasta que al fin llegó a una casa blanca con arboles en el frente pero como era de noche no se dio cuenta si era bonita. Todo estaba oscuro, ya que no tenía encendida ninguna luz, pero supuso que esa era la casa y que vería a sus dueños en la mañana, para él esto no tenia ningún problema.
Anduvo un rato caminando por el patio o jardín que rodea la casa hasta que llegó al sitio donde está con los pies en el agua sentado en una silla vieja de plástico, descansando de la larga  caminata. Caminar era para el hombre algo milagroso, siempre pensaba que el día que no pudiera hacerlo, seria como dejar de respirar, además que caminando daba rienda suelta a sus diálogos internos, sus monólogos silentes, sin publico a  quien complacer y sin aplausos condescendientes para el actor decadente e ignorado, que habiéndolo dicho todo ya no le queda nada que pudiera ser de interés para un publico apático e inconsciente.       
No está muy seguro si esta es la casa que cuidará, pero lo sea o no decidió que aquí se quedará hasta que amanezca, ya  no quiere ni moverse, se apoltrona lo mejor que puede en la silla y estira las piernas dentro del agua, se siento bien, pero empieza a notar algo raro del agua, esta no corre por lo que no es un riachuelo. Este pueblo queda a la orilla del mar, pero esta casa no debe estarlo ya que el agua no tiene olas, es un agua quieta y no está fría, como se siente bien con los pies dentro del agua y está disfrutando el momento se decide olvidar el asunto y averiguar mañana cuando salga el sol.
Hay un olor agradable en el ambiente que penetra suavemente en su nariz, es un olor a limones y mangos maduros, cuando aclare el día buscará  unos para desayunarse, en la ciudad los obreros de la construcción le dicen pollos a los mangos y generalmente los comen después del almuerzo y hay otros que ese es su almuerzo, varias veces le ha tocado almorzar pollos.  Espera encontrar otro tipo de frutas, piensa que seria muy bueno para su dieta ocasional.  El olor a mangos le despertó el hambre ya que no ha comido nada desde el medio día, pero piensa que por la mañana buscará algo para satisfacer su estomago.
     Ya le está dando sueño y saca los pies del agua porque si se queda dormido con los pies remojados seguro  que se  puede resfriar y eso es malo, porque si uno vive solo enfermarse es fatal. Una vez le pegaron unas fiebres, pero no era una calentura sino que temblaba de frio y como no tenia medicinas para eso, lo que hacia era echarse encima todos los trapos que podía hasta que el cuerpo se calentaba nuevamente. Uno de esos días hasta pensó que era paludismo y una señora le recomendó y que tomara quinina, paro eso ya no lo venden en ninguna parte.
Ya tenía un par de días en esa situación y decidió ir a la medicatura para ver que hacían por él. Esos escalofríos eran muy molestos y ya le daba  miedo el asunto. Conto con mucha suerte ya que encontró a una señora que trabajaba en la limpieza del lugar a quien de vez en cuando le barría el patio de su casa y a cambio le daba de comer.
La señora se portó bien, primero  le dio ropa limpia y jabón para bañarse, no era que estuvieras sucio sino que le hacia falta el baño, después lo llevo donde el medico de guardia quien apenas supo que le daban escalofríos enseguida opinó que tenia infección en los riñones, mando que le hicieran unos exámenes de orina y dio en el clavo. Le regaló unas pastillas y la recomendación imperiosa  de tomar mucha agua, por eso hora carga una cantimplora full. Se tomó la medicina y ya no le han dado mas fiebres de esas antinaturales y molestosas.
Después que sacó los pies del agua, se sentó en el suelo,  puso sus zapatos de goma a un lado, sacó de su maletín una sabana que le servía tanto de manta como de colchón y la extendió en el suelo, el maletín lo puso como almohada y mirando al cielo, donde no se veían estrellas se quedó dormido.
Siempre que dormía a la intemperie soñaba lo mismo. Soñaba que estaba en una lanchita de remos pescando en el mar, la marea en calma y los peces picando uno detrás de otro, los desenganchaba del anzuelo y los volvía a echar al agua, este es un sueño recurrente, inconcluso e inevitable, porque siempre ha querido vivir a la orilla de la playa, tener una lanchita y bogar por horas sin rumbo en el mar. Si se le cumple el sueño, será eso, un hermoso sueño cumplido.
Este pueblo donde vive el hombre actualmente, esta a la orilla del mar pero sus playas   no le gustan, porque no hay arena en ellas sino grandes piedras donde se estrellan las olas haciendo espuma y mucho ruido y a lo mejor no podría ni dormir. Empezó a sentir como unas cosquillitas en la planta de los pies y de pronto se da cuenta que ya no está soñando sino que con el ajetreo de la pesca se había rodado y tenía otra vez los pies dentro del agua.
 Inmóvil observa el agua para ver si podía identificar lo que estaba mordisqueando sus pies, pero que va, no puede ver nada ya que todavía es de noche. Decide retirarse un poco mas de la orilla y como tenia la conciencia tranquila y después de la pesca había quedado cansado se queda dormido nuevamente.
El hombre despierta  intempestivamente, ya está aclarando el día y lo que lo despertó fue que se acordó que la señora María le había dicho que una de sus obligaciones era cuidar de unas gallinas que los dueños de la casa criaban para entretenerse y que las habían traído de no se donde. Lo que extrañaba  era que todos los gallos cantan en la madrugada y no los oía, espera un rato mas a ver que pasa, pero nada que  escucha cantar un gallo. Entonces empieza a creer que como eran de raza extranjera cantaban era para dormir y se levantaban en silencio, que puede saber uno  amanecerá y veremos, piensa interiormente.
Empezó a lloviznar un poco y se resguarda en la enramada donde había encontrado la silla de plástico, se sienta en una butaca vieja y pone los pies en la silla y sin saber cuando ya estaba durmiendo otra vez.  Realmente no había descansado nada y con el ajetreo de la pesca estaba  agotado. Era que los sueños del hombre eran en vivo y directo.
Lo despertaron unas voces y cuando abrió los ojos ve a dos jóvenes que lo están mirando con una sonrisa picara en la cara.
Uno de ellos  pregunta:
= ¿Por que estas durmiendo aquí?
--  Yo soy la persona que los dueños de esta casa han contratado para cuidar los perros, las gallinas extranjeras, limpiar el patio y hacer otros oficios que todavía no se cual serán.
Los muchachos  sin dejar de reír
=  Usted está buscando es la casa de la familia Remilgos que queda un poco mas allá, en esta casa vivimos nosotros con la familia y lo que tenemos es un criadero de peces para lo que hemos hecho unas lagunas artificiales.
Entonces fue que cayó en cuenta que las cosquillas que sentía en los pies eran los pececitos mordisqueándoselos, les pidió permiso para acercarse a la laguna y ahí estaban los peces nadando de un lado para el otro, eran de colores variados, negros, blancos, rojos, marrones y manchados. No les dijo que había metido los pies en el agua y les pidió el favor que le indicaran entonces como llegar a la casa de la familia Remilgos.
Uno de los muchachos se fue hacia unos arbustos y desapareció de su vista, el otro le dijo:
=   Tranquilo que nosotros te  llevamos, todavía es temprano y primero vamos a desayunar.
El desayuno estuvo en un momento, ellos mismos lo hicieron, el joven que se quedó con el hombre  prendió una cocina que estaba en la enramada donde lo encontraron durmiendo y puso a hervir agua, al momento llegó el otro con una brazada de yuca que el hombre  ayudó a pelar, hicieron un guiso de cebolla y tomates y lo revolvieron con huevos, lo acompañaron con café negro, estaba rico, el hombre tenia mucho tiempo que no desayunaba de esa forma, quedó como para no comer por lo menos por tres días.
Esto es un decir porque nunca   había pasado tres días sin comer, ni siquiera un día, jamás paso hambre aunque las circunstancias parecieran decir lo contrario, en su casa, porque tiene casa, no falta la comida, aunque pueden faltar otras cosas mas importantes que él se calla o expresándolo de otra forma, no se las dice a nadie, es un asunto personal pero no con otras personas sino consigo mismo por lo tanto es su problema y  está decidido a resolverlo cuando le llegue el tiempo. Porque todo tiene su tiempo en esta vida y todo tiene solución aunque muchos crean lo contrario.
El hombre estaba  extrañado al ver que la familia de los muchachos no aparecían por ninguna parte, y estos ya estaban revisando la camioneta donde se irían para la ciudad  decidió entonces  preguntar donde estaban.
--   ¿Y sus familias donde están?
=  Lo que pasa es que están  durmiendo y no  se levantan hasta que no les de el  olor a café. Como nosotros trabajamos de  albañiles en la ciudad, nos levantamos mas temprano  hacemos el desayuno y ellos solo se paran para acomodar a los hijos para llevarlos a la escuela. 
Cuando el hombre oyó esto se acordó que en  tiempos pasados el tenia un transporte escolar en la ciudad y le iba bien, solo lo dejo cuando empezó a ponerse viejo y las personas ya no lo contrataban para llevarles los hijos a la escuela, porque como eran tantos niños a veces se le olvida recoger alguno que otro muchacho, lo que para él  no era problema porque en todo caso se quedaban en su casa, pero para los padres si ya que los niños perdían clase.
=   Puede volver cuando quiera, sepa usted que  esta es como su casa y que si no le gusta el trabajo puede venir a trabajar con nosotros, solo tiene que alimentar a los peces y limpiar el terreno de la maleza que ahoga la siembra, que por cierto era bastante.
No les prometió  nada y les dio las gracias por el desayuno y la confianza, siempre pensando que cual era la razón  para que estos muchachos lo trataran tan bien y la respuesta le llegó de inmediato, como si le hubieran leído el pensamiento.
=   Lo que pasa es que no se acuerda, pero usted nos hacia transporte para la escuela cuando vivíamos en la ciudad, mis padres lo recuerdan mucho y se van a alegrar cuando sepan que estuvo un rato con nosotros.
Esta afirmación lo tomo por sorpresa, que bien pensó para sus adentros, y enseguida como era su costumbre empezó a darle vueltas al asunto en su cabeza y a tratar de recordar a  las familias a las que tuvo la oportunidad de servir, pero no podía dar con ellos, claro lo que pasaba que eso fue ya hace tiempo y la gente cambia.
--  ¿Cuál es el apellido de ustedes y como se llaman sus padres para ver si me acuerdo?
=   Bueno mi mamá se llama Rigoberta y a mi papá le dicen el señor Juan y nosotros somos Pedro y Pablo y vivíamos por los lados del cementerio.
Esta respuesta lo dejó perplejo y se dio cuenta que ya no recordaba muchas cosas, por lo que solo atinó a decirles:
--  A sus padres si los recuerdo pero a ustedes no, como han cambiado tanto es difícil reconocerlos así de primera.
  Ya eran como las seis y media  de la mañana cuando se levantaron los familiares de los muchachos, los padres vivían en el pueblo, se despidieron de ellos y salieron en la camioneta vieja que andaba muy bien, rodaron como media hora.
 =  Todos los días como a esta misma hora pasamos  para la ciudad y  a las cuatro de la tarde regresamos  para la casa, a veces vamos al pueblo a ver a los viejos  por si quiere visitarlos o desea  hacer alguna diligencia en alguna de esas partes.
 El hombre no es que había perdido la fe en la gente sino que al andar por ahí en un son ni ton aparente ha comprobado por experiencia propia como las personas se dejan llevar por sentimientos inducidos por la sociedad, donde todo lo que no les gusta o desconocen es malo, y desprecian todo aquello que les puede causar molestia a su status. Esto no solo pasa con los extraños sino también dentro de la familia, donde poco a poco, casi sin darse cuenta van dejando de lado a miembros molestos, sobre todo a los viejos o a los que por algún motivo han caído en desgracia. La ley de la inmisericordia.
Una vez al mes visita a un amigo que su familia internó en un asilo y que para que no pasara trabajo ya que ninguno de sus hijos podía cuidarlo, esta es una de las razones que lo hizo salir corriendo de su casa antes de que a alguno de sus hijos se le ocurriera esta idea criminal, primero muerto que preso. 
El muchacho que conducía la camioneta  redujo la velocidad y a lo lejos vio la casa blanca y bonita con arboles frondosos en el frente, como se la había pintado la señora María
--  Por favor déjenme por aquí que quiero llegar caminando a esa casa para hacerme la idea de que cumplí con mi cometido.
Los muchachos lo miraron con cariño e indulgencia, sonrieron, y le recordaron su propuesta, se despidió  de ellos y con cierta tristeza y nostalgia los vio seguir su camino rumbo a donde él tenía su casa, su familia y sus pertenencias.
Se quedó un rato parado en el frente, pensando en lo que le había sucedido esa noche, y la buena voluntad de esos muchachos, su espíritu noble y reflexionando se dijo: “De buen corazón es aquel que en su cara se refleja la condescendencia”, mentalmente les dio  las gracias nuevamente y enfrentó con decisión  una nueva etapa de su  peregrinaje voluntario.
En este sector de las afueras del pueblo, las casas no tienen cercas en el frente, una senda bordeada de matas de flores  lleva hasta el frente de la casa, el terreno es grande y con arboles frutales y tienen cerca solo a los lados y en el fondo y otra que divide el terreno como delimitando un traspatio. Camina lentamente hasta la  entrada y mira hacia dentro por una ventana abierta, no ve nada, ya se disponía a tocar la puerta cuando salió una señora bajita, regordita y seria que le preguntó con una voz grave y autoritaria:
=  ¿Señor que busca?
Le sorprendió el recibimiento, y al no saber si la señora era la dueña de la casa u otra persona, además que ya se había hecho en la mente la idea de que la casa a esa hora ya  estaba sola, le respondió lo mas tranquila y amablemente que pudo.
-- Yo soy el señor que han contratado para cuidar de los animales y limpiar la casa.
La señora lo  miró de pies a cabeza, como haciéndole un examen y al  parecer  quedó satisfecha, Esa mirada inquisidora ya la sufría desde que decidió salir  a dar un paseo por las calles de su barrio al que regresaba todos los meses para  reponer sus exiguas pertenencias. Entonces  era cuando lo taladraban sin reparo, sin piedad ni lastima, el hombre ya tenia la idea que cuando lo miraban de esa manera lo estaban criticando. Era que no solo regresaba por ropa sino también para cobrar su pensión a la que le daba un destino social por lo que tenía que calarse esa intromisión invasiva y critica en su vida personal.
El hombre sabia que la mayoría de las personas que lo enjuiciaban, estaban en situaciones morales peores que las suyas, ya que sus faltas las mantenían cubiertas con una delgada capa de honradez, que se les podía caer con un pequeño traspiés de su aparente probidad. 
= ¿Cómo te llamas?
Nuestro protagonista ya se sentía incomodo por la actitud de la inquisidora mujer, pero como no sabia con quien hablaba, y además su nombre era para el algo risible, ya que había sido extraído por su padre (lector empedernido de la literatura griega) de una epopeya  no sabia  si de la Ilíada o de la Odisea, se lleno de calma y con voz pausada le dijo su nombre.
 =   Muy difícil de pronunciar así que te llamaré viejo porque de verdad lo estas y además es mas fácil y familiar.
La mujer lo invitó a entrar a la casa y empezó como a leerle la cartilla:
=  El desayuno a las siete el almuerzo a la una y la cena a las seis, si te gusta el café u otra cosa tienes que hacértelo. Yo duermo aquí en la casa, me voy los viernes en la tarde cuando lleguen los señores y regreso los domingos en la tarde, los señores se van los lunes temprano en la mañana, pero tu tienes que esperarlos para que te digan tu horario, pero te digo desde ahora que a ellos les gusta que te quedes aquí para que los acompañes y de paso ayudes al señor en ciertos trabajos. En el patio hay un cuarto donde vas a vivir que tiene baño y cocina por si no te gusta la comida  que yo hago.
A todas estas el hombre observaba a la señora y le hacia gracia que estuviera tratando de guardar distancia con su persona, lo que le agradaba  sobremanera ya que de esa forma no tenia que estar rindiéndole cuentas. Le mostró el terreno de la casa que era bastante grande, el galpón de las gallinas, la perrera,  el cuarto de los alimentos y le entregó las llaves de la habitación.
Ella se fue para la casa y el hombre decidió  inspeccionar su habitación y sus predios. La pieza era grande pero estaba vacía, solo una pequeña nevera en un rincón, revisó el baño y se dio cuenta que la tubería del agua estaba rota, después la arreglo se dijo, una sola puerta al frente y una ventana a cada lado las que abrió  inmediatamente, observó que a la nevera le daría el sol por lo que la movió al lado de la puerta y la conecto al tomacorriente, pero esta no funcionó, la desconectó y otra vez se hizo la promesa de revisarla cuando tuviera tiempo.
En la parte de atrás de la pieza, bajo una pequeña enramada una cocinita con su bombona de gas, un lavaplatos y una batea completaban su línea blanca, tenia que arreglar la tubería del agua para lavar la ropa y los utensilios de cocina, pero lo dejó también  para otro momento.
La señora lo llamó desde la casa, fue a ver que quería, sorpresa, le brindó desayuno que se comió encantado aunque no tenia hambre, además eran dos arepas rellenas con queso y una taza de café con leche, que hacia tiempo que no lo veía, y  de paso se había hecho costumbre en él no despreciar nada que le ofrecieran, ya que se decía que si no recibía lo que le daban, le quitaba la voluntad a las personas y después no le darían nada.
Cuando terminó su desayuno, la señora le mostro unas cajas con útiles para la cocina, víveres, artículos de baño y de limpieza. Miraba las cuatro cajas y le vino a la memoria que el día que decidió salir de su casa también había colocado en cuatro cajas de cartón su ropa y todo lo que el pensó en ese momento  era necesario guardar. Pero ese día le presentó el problema de no tener a una persona de confianza para que se las guardara. Se había retirado de la vida social  hacia tiempo, por lo que se encontraba aislado de las personas que antes fueron sus allegados. Solo le quedó la opción de apilarlas en un rincón de su cuarto con la recomendación de que no se las estuvieran registrando.
El hombre ya con la barriga llena, traslada las cuatro cajas hasta la enrramadita que está al fondo de su habitación, con el ánimo de registrarlas afuera no sea que de pronto salga un animal de ellas, entre viaje y viaje se da cuenta que la cerca que divide la casa del resto del terreno está rota en algunas partes y como es de alambre de ciclón, decide empezar sus tareas arreglándola de inmediato.
En su maletín siempre carga un martillo, unos alicates y unos destornilladores como herramientas básicas para arreglar cualquier cosa. En el fondo del galpón había visto unos pedazos de alambre ciclón los que se trae para el frente. El hombre es un experto en eso de arreglar o hacer funcionar lo que sea y pone manos a la obra. La cerca solo estaba rota en tres partes y la acomodó rápidamente.
Después se encargó de los animales, primero con los dos perros, estos eran hembra y macho y estaban esterilizados, aunque permanecían  en una jaula grande los tenían amarrados, lo que al hombre le disgustaba porque le gustaban los animales y los perros mas que cualquier otro. Estos perros resultaron mansos y amigables, eran un cruce de pitbull con pastor, les quito las correas y los dejó sueltos en la jaula. Les puso comida y agua y se propuso bañarlos al otro día a ver que tal se portaban y entonces  soltarlos para que corrieran alrededor del galpón.
Después le toco el turno a las gallinas, eran  de raza guinea o pintadas y son oriundas de Nueva Guinea, África, ya las había  visto en el zoológico de la ciudad un día que fue a llevar una excursión de niños para que vieran los leones y los tigres. Eran gallinas normales solo se diferenciaban de las criollas por la pinta de sus plumas que eran de color gris con manchas blancas y que los huevos eran pintados.
Les lavó los bebederos,  les puso comida, recogió unos cinco huevos, rastrillo todo el suelo del galpón y cambio el aserrín del piso, llevo todo esto para el fondo del patio con la intención de ver si al señor le interesaba  hacer abono orgánico que podía servir no solo para el uso se la casa sino que también se podía vender, estos menesteres le tomaron medio día completo y solo abandonó el trabajo cuando la señora lo llamó para que almorzara. El hombre se sentía sudado y se dio un baño, se cambio la ropa y se fue muy contento para ver que tal estaría el almuerzo.  
La señora le sirvió el almuerzo en la cocina, estaba sabroso y a la pregunta de que si quería mas, no se hizo rogar y repitió la ración.
=  Por lo menos no se va a perder la comida, se ve que tienes viandas atrasadas.
--  Lo que pasa es que soy de buen comer y la comida estaba sabrosa. Recogí cinco huevos y no se donde guardarlos
=  Bueno tienes que ponerle la fecha de hoy porque el señor los selecciona para venderlos o ponerlos en la incubadora que tiene en su casa, guárdalos en tu cuarto en una cesta que esta en una de las cajas, no te los comas que si quieres huevos yo tengo aquí en la nevera solo tienes que pedírmelos.
Esta conversación dejo mas tranquilo al hombre, las reservas que tenía con la señora parece que eran infundadas y decidió dedicarse a sus labores y molestarla lo menos posible mas bien se puso a la orden para lo que necesitara.
Antes de retirarse de la casa la señora le mostro un par de sillas y una pequeña mesa que el hombre muy gustoso se llevo para su habitación. Se fue al patio con una silla y se acomodo debajo de una mata inmensa de mango con ánimo de reposar el almuerzo.
Todo señalaba que el hombre estaba pasando un día perfecto y para que lo fuera realmente tenia que echar una pestañadita, por lo que se acomodo lo mejor posible en la silla. Se sobó la barriga en un movimiento reflejo de satisfacción y pensó que la opinión que creía tener de la señora se disipó en el preciso instante que se sobo la barriga, ya estaba casi que se dormía cuando la señora lo llamó desde la casa.
Tuvo ganas de no poner atención al llamado haciéndose el dormido, pero con la barriga llena corazón contento y como no había razón para negarse, salió solicito haber que quería la señora.
=  En la caja mas grande hay una hamaca limpia, que me tienes que dar para lavarla cuando salgas de permiso para que no se percuda. También encontraras las cabulleras y los mecates, ven como a las tres para que te comas una merienda o tomes  café.
Cada atención de la señora ponía de manifiesto su cordialidad, le dio las gracias y se retiro a guindar la hamaca para echar la zorrita. Un día perfecto sin duda alguna, el hombre se llenaba de gozo con pequeñas cosas y las agradecía de todo corazón.
Guindó la hamaca bajo la sombra del árbol, se acostó plácidamente y planificó en su mente el resto del día. Primero revisaría las cajas para acomodar su cuarto, después que tuviera ya las cosas ordenadas buscaría la forma de ver que pasaba con la nevera, y limpiaría un ventilador que la señora le dijo que estaba en el cuarto de los alimentos de los animales.
 También decidió limpiar ese cuarto para usarlo como taller y arreglar las cosas que se fueran dañando, además que ya había visto un par de comederos y un bebedero de las gallinas que estaban en mal estado y así ya con los trabajos jerarquizados y con la mente en orden, se durmió solo por un rato.
Pero como dicen por ahí, uno propone pero Dios dispone, y aquí la que dispuso fue la señora que lo llamo para que la ayudara a mover unos muebles que la dueña de la casa  le había encargado, en esos ajetreos y en el compartir de la merienda estuvo toda la tarde y no le dio tiempo de hacer lo que había planificado, pero no importaba, tiempo era el que le sobraría si sabia como distribuir sus obligaciones.
A todas estas, mientras movía un mueble de aquí para allá y otro de allá para acá, empezó a sentir nostalgia, ya que esto lo hacia en su casa cuando su mujer estaba viva, y esto era muy a menudo, a ella no le gustaba tener la casa acomodada de la misma forma durante mucho tiempo, manías o resabios que en todo caso a el no lo incomodaban para nada, antes por el contrario lo hacia con gusto con tal de que la mujercita no estuviera peleando.
Terminó de ayudar a la señora quien le brindó café y le dijo que se fuera a reposar que cuando estuviera la cena lo llamaba. Metió un pote de agua en el baño y se aseó, trajo una de las cuatro cajas  del patio y empezó a sacar su contenido, eran útiles de cocina, ollas, platos, cucharas y todo lo necesario para una cocina, las acomodó en la mesa y pensó que el mejor espacio para ponerlos era en la enramada del patio porque allí estaba la cocinita y el lavaplatos. También en sus labores propuestas estaba ahora  hacer unos estantes para este fin.
Dejo de sacar las cosa de la caja y se sentó nuevamente en el patio para esperar la hora de la cena y se dio cuenta que los aires que estaban soplando eran completamente distinto de todos los aires que le habían soplado la vida, especialmente después que decidió a darse una vuelta por el mundo a raíz de la muerte de su mujer.
Y es que esta circunstancia le movió completamente el piso, como si un terremoto lo hubiera desplazado de su estado de comodidad y había dejado al descubierto sus carencias o mas bien pensaba el hombre sus necesidades que no serian cubiertas por las personas que formaban su entorno familiar, antes por el contrario, empezó a darse cuenta que después que los hijos crecieron y se fueron a formar sus familias ellos vivían como en una burbuja, aislados de las realidades de las demás  personas, que caminaban por la otra acera de la calle, que sus prioridades no eran las mismas y donde una obligación imprevista no estaba en sus planes y por lo tanto no la iban a asumir y que él tampoco requería que lo hicieran.
El hombre se paró de la silla y entro al traspatio y se puso a caminar alrededor del galpón de las gallinas, los perros empezaron a ladrar y decidió sacarlos de su jaula, pero antes revisó bien la cerca del galpón y de la casa para que no se fueran a meter con las gallinas ni se fueran a salir para la calle. Sorpresa, soltó a los perros y estos empezaron a saltar a su lado alegras de esta libertad que quien sabe desde cuando no disfrutaban a lo mejor sin ninguna razón valedera, en todo caso tenia que observarlos para ver como se portaban.
Entendió a los perros en le acto, porque el también se había sentido prisionero no del espacio sino de la incomprensión de las personas que aun viviendo tanto tiempo a su lado no conocían sus realidades y sus reacciones ante imposiciones de conductas acomodadas a su manera de ver la vida diferente a como él desde siempre las había visto. Porque el mundo no es como uno quiere o cree sino como realmente pasa.
Cuando murió su esposa se quedó viviendo solo para no molestar a ninguno de sus hijos ya que ellos tenían sus responsabilidades y no quería que tomaran la responsabilidad de asistirlo. Y por aquí empezaron los problemas.
Primera las hijas empezaron a turnarse una vez a la semana para limpiar la casa, pero siempre llegaban con la cantaleta que habían dejado la casa y los hijos solos, el hombre entonces contrato una señora que fuera un día antes para que limpiara la casa y le lavara la ropa, que por cierto era muy poca y con el tiempo lo hacia él mismo. Esto molestó a las hijas y no fueron mas.
Después el tema fue que como estaba un poco viejo y vivía solo le podía dar algo a media noche y no tenia a nadie que lo socorriera por lo que los hijos varones empezaron a dormir de vez en cuando en su casa, el hombre encontró la solución aceptando un trabajo como vigilante de una escuela privada, la guardia la hacían dos personas que se turnaban para dormir un rato cada uno. Esto molesto a los hijos y no fueron mas.
El siguiente tema fue con la comida y una de las  hijas se tomó para si la obligación de  mandarle casi todos los días, con uno de los nietos, un vianda con comida suficiente para que le alcanzara para el almuerzo y la cena. El hombre también encontró la solución para evitarle la molestia a la hija, el profesor dueño de la escuela donde trabajaba como vigilante tenia un restaurant y el hombre se le ofreció para trabajar como ayudante de cocina. Le dieron el trabajo con una guardia fácil de cubrir, llegaba a las diez de la mañana y salía como a las seis,  de ahí para le escuela, comía todo lo que quería y podía, esto molestó a la hija y no le envió mas al nieto con la comida.  
Entonces ya el problema era que el hombre no tenia la necesidad de trabajar tanto ya que no tenia obligaciones con nadie, y además cobraba su pensión, pero lo que no entendían sus hijos era que el hombre si se había hecho la obligación de no ser carga para ninguno de sus hijos, porque el se dio cuenta que estas cosas las hacían casi obligados, y de esa forma no aceptaría nada de nadie.     
    Así pasaron varios meses y el hombre se sentía bien y tranquilo, además ayudaba a unos nietos con el pago del transporte y a una de las hijas que vivía sola y no le alcanzaba el sueldo, le daba un poco de dinero y el profesor como compraba los víveres por bulto, le hacia una bolsa de comida y se la descontaba del doble sueldo que percibía, estos víveres se los daba a esta hija.
Todo parcia andar bien, pero un día se reunió la familia y sin estar el presente lo juzgaron y dictaron sentencia: Él no podía seguir viviendo solo, decidieron que la hija que vivía sola se mudara para su casa, de esta forma ella no tenia que pagar alquiler y de paso le acompañaba. El hombre no tuvo ni derecho al pataleo y tuvo que aceptar a regañadientes la decisión de la familia.
En un principio esto no le quitó el sueño, además que no pasaba mucho tiempo en la casa, inclusive ni dormía en ella, solo un rato en la mañana cuando regresaba de su trabajo de vigilante y a las diez se marchaba para el restaurant y entre discusiones y argumentos lo hicieron renunciar al trabajo del restaurant con el pretexto de que debía tomar las cosas con calma y que por culpa del ajetreo se le subía la tensión.
Cuando empezó a estar todo el día en la casa se dio cuenta que no congeniaba con la hija ni con los nietos, sobre todo con la mayor que se la pasaba todo el día hablando por teléfono o metida en la computadora, y de paso sus pertenencias fueron desplazadas poco a poco y ya no las encontraba cuando las necesitaba y así se le fueron perdiendo las herramientas, sus libros, y para evitar esto metió todo en su cuarto y le puso candado.
Error garrafal, su hija se molestó, lloró y le dijo que ninguno de ellos le iba a robar nada, a lo que el señor con el pretexto de que tenia que arreglar la cerradura de la puerta, quitó esta y no la puso mas nunca, el remedio fue peor que la enfermedad, pero dejo el cuarto sin puerta hasta el día de hoy.   
La familia se reunió un día a sus espaldas y dictaminaron que el hombre ya estaba senil y que había que buscarle solución antes que le pudiera pasar algo grave o saliera para la calle y de pronto no se acordara de donde vivía. Esto se lo contó la nieta adicta a las redes sociales. Aprovecho que en esos días estaba en la ciudad el hijo de un amigo que era chofer de un camión que siempre lo invitaba a viajar con el.
Acomodó un maletín con todo lo que el hombre creyó necesario, el resto lo puso en las cuatro cajas y las dejó en un rincón del cuarto que hasta ese día le sirvió como dormitorio. Y aquí estaba sentado en una silla esperando la cena pero dispuesto a seguir corriendo por su libertad.
NOTA: Este es un relato de la conversación que tuve con un señor un día lluvioso en una casita con techo de paja, paredes de madera y una lanchita de remos amarrada a la orilla de la playa. El señor era muy mayor y solo lo acompañaban un par de perros, pero su rostro irradiaba la felicidad de un hermoso sueño cumplido. Cualquier parecido con la realidad de alguien es pura coincidencia.
Euclides Vargas Johnson  
  

jueves, 26 de marzo de 2015

EN ESTE PUEBLO EL QUE NO VUELA CORRE

            En mi pueblo nadie averigua nada, pero todo se sabe, lo secretos se develan, las verdades se convierten en murmullos, los rumores  trasforman en creíbles las mentiras y los supuestos andan de boca en boca sin que alguien oiga o diga algo, solo se dispersa el “no sabes que . . .” como un eco repetido que sin intención aparente se riega en cuchicheo silente.
Es un arte averiguar sin preguntar, nada pasa desapercibido, lo que hagas o dejes de hacer todos lo sabrán sin querer saberlo, creo sin temor a equivocarme que son capaces de leer tus pensamientos y saber de antemano lo que vas a hacer o te va a pasar, como si Dios Todo Poderoso las hubiese tocado con el Don Divino de la premonición.
Todos los habitantes del pueblo se dedican a este deporte, y por mi casa viven las dos máximas  exponente de este singular talento, no tienen que envidiarle su capacidad y poder de comunicación a ningún reportero, periódico o radio, es mas, la información que ellas tienen es fidedigna y de primera mano y no te cuesta ni un centavo, solo tienes que pasar como quien no quiere la cosa por el frente de sus casas, para que te enteres de los últimos acontecimientos del pueblo, pero en compensación tienes el peligro de dejar como pago tus guardados.
La mas vieja de las dos, vive cerca de mi casa, casi al lado, su figura y vestimenta es de lo mas curiosa y extravagante; el pelo descolorido por el tiempo, tiene visos de todos los colores de las tintes y que para verse mejor usaba otrohora, vestida estrafalariamente con unos pantalones a media pierna, que no son ni cortos ni largos, que en tiempos pasados eran a rayas  las cuales han desaparecido por completo, que le quedan grandes no porque no sean de ella, sino que los usa desde que era una moza bien plantada y rellenita que levantaba  murmullos y miradas  de admiración cuando pasaba, y ahora no tiene carnitas ni para hacer una empanada.
Completa su atuendo extraño y fuera de toda comprensión una franela sin color definido, que había sido roja en otros tiempos, que le llega casi a las rodillas; calza unas botas viejas con trabillas que le dan un aspecto de explorador perdido, prendas estas heredadas de su difunto esposo, que no se quien de ellos habría quedado mas aliviado, si él al morirse o ella al enviudar, por lo mal que aparentemente se llevaban, lo que se dejaba entrever por las discusiones continuas y acaloradas que mantenían todos los días y hasta durmiendo.
Se le ve a cualquier hora del día en cuclillas, al pie de un fogón casi apagado, tratando con una varita de remover y atizar las brazas que aun quedan para calentar una agua de café que de este solo queda el color, para aliviar los retorcijones de las tripas vacías por el continuo y prolongado ayuno a las que eran sometidas inmisericordemente.
En ese ir y venir del patio al frente y del frente al patio ejercía su oficio de difundir lo que los demás no sabían y averiguar lo que los otros callaban, esto lo hacia sin remilgos ni complejos de ninguna clase y con la pasión que había atesorado con la edad y el tiempo de  experiencia en el servicio de encausar noticias perdidas, renovar las abandonadas y difundir las nuevas con promisión y sin reparo.
A esta señora empecé a tratarla lo menos posible desde el día que supe que tenia el don de interpretar el canto de los gallos y saber lo que decían los perros al ladrar.
Sucedió que mi compadre, el que vive en el campo, me regaló un pollo grandísimo de los que el criaba para vender y que para que lo invitara al sancocho el día que lo matara. Esa noche amarré el pollo en el patio y al otro día en la madrugada, antes de irme para el trabajo, agarré al pollo y lo dejé ya despresado en la nevera.
Cuando en la tarde regresé al pueblo del trabajo, mi mujer me contó que la vecina (vivíamos casa por medio) le preguntó por el gallo porque había cantado toda la noche y no la dejó pegar el ojo ni un instante, algo que era normal en ella para estar al tanto de lo que pasara o pudiese pasar, (servicio las 24 horas) a lo que mi mujer le respondió que ya lo había matado.
La vecina con una cara de satisfacción digna de verse, como quien está  infaliblemente convencida de lo que piensa y dice, lanzo una exclamación que envidiaría cualquier actor de teatro y con las manos extendidas hacia arriba como implorando al cielo o dando gracias, dijo con pasión reprimida: Dios mío ya lo decía, que ese canto tan triste del gallo era porque el pobre sabia que esa era su ultima noche.
Me quedé de una pieza pensando que esa señora tenia algo sobrenatural y si gozaba de la facultad de leer los pensamientos del gallo, que se dejaba para los simples mortales como yo, que inclusive, mi mujer me decía que yo era un libro abierto que cualquiera podía leer, con razón últimamente había notado que la vecina ya ni se molestaba en mirarme cuando pasaba por el frente de su casa y mucho menos hablar conmigo para enterarse de cualquier cosa que sucedía o fuera a suceder a mi alrededor por muy insignificante que  me pareciera.
A partir de ese día cuando salía para la calle, le daba la vuelta a la manzana para evitar que la vecina  me viera, pero a veces se me olvidaba el propósito de tomar el camino mas largo y al pasar por su casa tenía la sensación que me estaban exprimiendo el cerebro.
La otra exponente de los artilugios comunicacionales es completamente diferente a la primera vecina. Vive de la pensión de enfermera jubilada y se vino a vivir  al pueblo cuando enviudó de un señor que le hacia la vida imposible por los celos, y que buscando paz y  tranquilidad. Se trajo para acompañarla a una nieta execrada por sus padres por haber dado un mal paso y a raíz de este le quedo como premio un niño pequeño que era el consentido de la señora.
Era muy buena gente ya que cuando la colega la visitaba para compartir sus descubrimientos (viven frente con frente) la complacía con uno que otro aperitivo y  bocadito de comida que a esta no le caían nada mal por cierto, dada su escases monetaria.
En estas tertulias era cuando disfrutaban a sus anchas panchas, compartiendo alegre, libre, sana y espontáneamente sus descubrimientos y daban rienda suelta a sus predicciones: Que si fulano se va a ir de su casa, que zutano le dio unos golpes a su mujer, que al otro se le murió el burro por no darle comida, que aquel cree que es el mejor hombre del pueblo o que alguno le esta sonsacando  la mujer del vecino y puede ocurrir una tragedia y pare usted de contar, esas reuniones eran largas pero sabrosas en su contenido. Al despedirse no se daban ni un saludo, solo compartían una risita socarrona.
Se visitaban a menudo y cuando no lo hacían se sentaban cada una en el frente de su casa y se trasmitían los mensajes telepáticamente (tecnología de punta), es un riesgo entrar en su red, pero si no lo estas, también tienes el riesgo de caer en el olvido y el ostracismo.
La afición seria y responsable por la investigación, aunque yo creo que ya la practicaba por diversión, la empezó a practicar esta señora de la que les estoy hablando últimamente, después que se rompió un tobillo una noche que se cayó en el patio de su casa por estar haciendo no se que cosa, y estoy mas que seguro que su vecina si lo sabe, pero como buenos bomberos que son, no se pisan la manguera.
Bueno les decía que la señora en cuestión se fracturó el tobillo y le pusieron un yeso lo que la obligó a guardar reposo que ella por su propia cuenta ha prolongado indefinidamente.
A partir del accidente buscado y dudoso, quedó con la costumbre de sentarse en el frente de su casa debajo de un frondoso árbol que la da sombra todo el día, ahí desayuna, almuerza y cena, lo que le falta es hacer sus necesidades en el sitio, que por lógica natural no puede y son los únicos momentos que abandona la guardia o “vigilancia del sector”.
Esta señora es muy cauta para averiguar sin preguntar, parece que tomó cursos  de entrevistas o interrogatorio con el FBI o la CIA norteamericana, pues te saca las tripas y no te das cuenta ni como ni cuando y te quedas tan tranquilo creyendo que no le has confesado nada que se pueda usar para incomodarte.
Te suelta una seña de una verdad o de algo que tu sabes de otro para ver como reaccionas y poco a poco te va envolviendo en una telaraña conversatoria que tu crees que es un dialogo inocente o sin sentido por parte de ella, pero que es como una droga para soltar la lengua.
Un infausto día la agarró conmigo; me vine temprano del trabajo porque sentía un dolor en la espalda de una fuerza indebida que hice y al pasar por el frente de su casa, (por la otra acera no pasaba por lo del asunto del canto del gallo)  la saludé cortes y amigablemente y ella como quien quiere y no quiere me ofreció café, muy sabroso por cierto, de un termo que tenia a su lado en una mesita al  que nunca le faltaba el café. (Ahora después de ese día, creo que la vaina estaba en el café) Le acepté la invitación al café y llamó a la nieta para que me lo sirviera.
Las casas de pueblo casi ninguna tiene cerca en el frente y esta era una de esas, por lo que a la señora se le facilitaba el contacto con las personas que por su frente pasaban, y además estaba el gancho de un cafecito bien bueno que la nieta colaba.
La señora me señaló un taburete para que me sentara, el cual estaba forrado con cuero de burro y que para que durara, ya que hay la creencia que el burro tiene el cuero duro. Después de la experiencia de esa tarde con la señora creo que esto era un pretexto, mas bien estoy seguro que el cuero del burro  trasmite  la paciencia y docilidad de este y uno se deja   inocentemente investigar sin poner resistencia. El taburete lo había convertido la señora en una herramienta de interrogatorio.
Sentado en la silla de la tortura o de los acusados de un delito por descubrir y con la encubietrta inquisidora mirándome amablemente,  me esforzaba inútilmente tratando de no pensar en nada para no exponerme a su escrutinio o  un vaciado de cerebro, cuando con una sonrisa cándida y una voz melosa me soltó una media verdad sin anestesia: “Tu mujer no está en la casa, esta mañana después que te fuiste para el trabajo, agarró los muchachos y los llevó para donde la señora fulana y se fue rumbo a la ciudad y todavía es la hora que no ha regresado”.
Me quedé frio por la sorpresa, esa vaina fue como a las cinco de la mañana, yo me fui adelante para guardarle un puesto en el bus mientras ella acomodaba los muchachos, porque mi mujer iba a renovar la cedula y cuando saliera de esa diligencia visitaría a sus padres que en la tarde la traerían para la casa y aprovecharían el viaje para llevarse unas verduras, huevos y unos pollos que mi compadre consecuentemente me suplía no solo por el sacramento que nos unía, sino porque los ahijados vivían en mi casa de lunes a viernes para que pudieran asistir a la escuela.
No supe que decirle a la señora, tenia que haberle contado la verdad, pero no quería estar informándole a nadie los asuntos de la familia y en un instante de deslucidez quise ser humorista y me salió una comiquita respondiéndole con una pregunta, tratando de ver cual era su versión o que se traía entre manos, le dije ¿Cómo va ser? Este fue el principio de mi tragedia, la señora no me contestó nada, terminé mi café, le dije hasta luego, busqué los muchachos, los llevé para la casa, al rato llegó la mujer con los suegros y di por terminado el asunto.
Mi familia estaba de boca en boca, habíamos  entrado a formar parte de las tertulias y del cuchicheo del pueblo y solo empecé a sospechar que pasaba algo cuando la gente me miraba y  se sonreía, a todas estas nunca le conté ni le he contado a mi mujer el encuentro con la vecina.
Me aguanté un tiempito esta situación y cuando se terminaron las clases, un viernes en la tarde que el compadre se llevó los muchachos para su hacienda, alquilé un camión y me mudé para la casa de los suegros. Me siento mas tranquilo nadie me mira con picardía, soy un libro cerrado y no me preocupo por lo que haga o deje de hacer. Y a la larga no me importa lo que digan de mi persona.
Decidí escribir esta experiencia, que espero que a ninguno de ustedes le pase, ahora que me siento libre de acoso, pero de vez en cuando se me cae el bolígrafo,  y yo me digo , tranquilo viejo no pasa nada y  si al leer esta historia crees que es un invento allá tu.
En ese pueblo los que no vuelan corren y a mi me hicieron volar o por lo menos salir corriendo.
ZAPE GATO
Euclides Vargas Johnson



lunes, 16 de febrero de 2015

BUSCANDO LO QUE NO SE HA PERDIDO

Por su contextura física como de 12 años, por su conocimiento en las actividades del campo como de 14 años, por su rendimiento en la escuela como de 16 años, por sus decisiones personales como de 18 años, su edad real nueve años vividos a plenitud y libertad, ya que desde los ocho años su actitud es la de un joven independiente.
Prefiere andar solo o acompañado de personas mayores, entre los niños de su edad es el mas maduro, grande, temerario e independiente, tiene la mejor puntería con la honda, lo ven como un líder, a esto no le da mucha importancia, no le agradan los halagos y por eso es que los evita siempre que puede.
Su maestra dice que es inteligente pero desaplicado, que tiene mucha iniciativa y es rápido para responder casi sin pensarlo, es parco para hablar y a veces parece que estuviera en otra parte, que cuando tiene esa actitud seguro que está pensando en sus “asuntos personales”.
Desde que entró a la escuela usa pantalones largos que hereda de sus primos, ya que cuando lo inscribieron por primera vez lo asignaron al 4º. grado y solo tenia ocho años lo cual era inusual. Por esto era el mas pequeño y de menor edad en su salón, sus compañeros lo cuidaban como su mascota, lo protegían y nadie se podía meter con el.
En un bolsillo trasero del pantalón lleva la honda que no la suelta ni para dormir, en el otro bolsillo un cuaderno plegado en dos donde con un rabito de lápiz anota todo lo que la maestra les dicta en clase. Tiene tres hermanas mayores que a instancias de su padre lo ayudan a pasar esas notas a los cuadernos y que para que pueda estudiar, algo que casi nunca hace.
Amarrada al cinturón una media vieja, con piedras seleccionadas con esmero para que sean lo mas redondas posible y del tamaño adecuado, le sirve de cartuchera para guardar “las municiones” de su inseparable honda.
La honda se la hizo el tío que mas quiere, además de que es el único que tiene; es una buena honda, es la mejor honda que  pueda haber en el pueblo, es una honda para hombres. El tío le ha enseñado las artes y las mañas del campo y lo mas importante para el, las de la cacería. Es un experto cazando iguanas, le precede la fama, no hay nadie como el en el pueblo ni hombre que lo iguale, las tumba de los arboles de una sola pedrada y le dice al tío donde van a caer quien las agarra en el aire, son la pareja perfecta, no hay quien les gane en eso de cazar iguanas.
Su día normal empieza a las cinco de la mañana, duerme en el patio de su casa en una hamaca que cuelga en la enramada que sirve de cocina y comedor. A esa hora lo despierta el mudo, quien es un señor que trabaja en la casa como mozo, para que se vaya a una pequeña finca de la familia en las afueras del pueblo, (ni muy acá ni tan allá) a buscar la leche de unas vacas que ahí ordeñan y venden en su casa.
El mudo le  acomoda los aperos a su burro, un par de cantaros con agua limpia y víveres para los trabajadores de la finca, su perro ladra en la calle apurando la partida. El burro se lo “regalósu papá, se llama pichirilo, es muy inteligente, avisa cuando va a llover y rebuzna como loco cuando tiene hambre o sed y lo mejor, le advierte cuando hay culebras en el camino, o cualquier otro peligro.
El perro se lo encontró una noche que estaba con su tío cazando conejos en unos pajonales cerca de la finca de su papá. Aun no había abierto los ojos y chillaba que daba lastima. Como estaba de vacaciones escolares, vivía en la finca y pudo cuidarlo hasta que empezó a comer solo.Era un perrito feo, solo orejas y arrastraba la  barriga por el suelo, todos le decían que se le iba a morir, le dio diarrea porque lo alimentaba con leche de vaca, la señora que cocinaba en la finca le hizo un hervido con hierbas que la paró la diarrea y le rebajó la barriga, seguro que botó las lombrices.
Jamás desistió de cuidarlo, como si fuera la misión mas importante de su vida, y lo hacia con determinación y esmero. Nadie entendió porque le puso al perro el nombre de chocolate, cuando lo llamaba para acariciarlo o premiarlo con algo le decía “choco”. Era de color negro intenso y se convirtió en un perrote que metía miedo, los perros del pueblo cuando lo veían venir corrían a esconderse.  
Enseñó al perro a acompañarlo a todas partes menos a la escuela porque estaba prohibido. Chiquitico lo metía en una mochila y se lo llevaba para donde fuera, le daba igual si era a pie o montado en el burro, hasta que tuvo fuerzas para seguirlo caminando. El perro y el burro se convirtieron prácticamente en sus únicos amigos, era un trio inseparable, verlo montado a el en el burro y al perro a su lado, era ya algo muy natural para los habitantes del pueblo.
En la madrugada, todavía medio dormido, el mudo lo ayudaba a montarse en el burro; el movimiento acompasado del burro lo dormía nuevamente, era como si se estuviera meciendo en la hamaca. Apenas choco veía salir al burro por el portón de la casa se iba corriendo adelante persiguiendo a todo animal que encontrara a su paso, pichirilo con su andar pausado seguía a choco que de vez en cuando se detenía como para esperarlo, pero en todo caso ambos se conocían el camino.
Los ladridos del perro y el andar del burro lo mantenían dormido, en un equilibrio precario de un movimiento oscilante e irregular como el de un péndulo invertido ya a punto de caerse, nadie sabe como lograba mantenerse montado en el burro y solo lo despertaba la inmovilidad del burro y el silencio del perro cuando llegaban a cierto punto del camino donde había una talanquera que cerraba el paso para entrar a los terrenos de la finca de su papá.
Se bajaba casi obligado del burro para rodar los troncos y de ahí en adelante seguía a pie tratando de cazar codornices que a esa hora estaban saliendo de sus nidos. Estas palomitas se las vendía a una familia que tenía un señor mayor muy enfermo, también le compraban conejos y armadillos que el lograba cazar a esa hora porque en el día era difícil.
Desayunaba en el monte (así le decían a la pequeña finca) mientras le acomodaban la leche en el burro y para atrás rapidito ya que al llegar a su casa tenia que ir a la escuela, pero no perdía el tiempo y en el viaje de regreso seguía tratando de cazar, al llegar al pueblo entregaba su cacería junto con yucas, ahuyamas y  aguacates que se traía del monte para venderlas y tener para sus gastos.
Los días que no iba a la escuela cortaba leña que le vendía a una señora que regentaba un restaurant y le pagaba con  comida. Casi siempre almorzaba en ese lugar.No le temía a nada ni a nadie y un sábado que venia del monte con una carga de leña, se metió por el cementerio del pueblo para cortar camino y descubrió que había torcazas, que es una palomita grande. No pudo cazar ninguna porque choco se las espantó, pero desde ese día cuando salía por las tardes de la escuela, sin decirle a nadie ni pedir permiso, se metía en el cementerio y cazaba las palomitas.
 Un día lo encontró el vigilante del cementerio y le advirtió que era malo cazar esas palomitas porque eran las que acompañaban y cuidaban a los muertos, por supuesto no le creyó nada y siguió en su tarea de cazarlas y cuando se encontraba con el vigilante le ofrecía algunas pero este siempre se las rechazaba, lo que a el le hacia mucha gracia.
Cazar estas palomitas se había convertido en algo cotidiano y así un día con otro y este con aquel, iba hilvanando sus días haciendo de ellos su diario vivir muy diferente a los días de los niños de su edad. Para el un lunes era igual que un jueves o un domingo, la única diferencia era ir o no a la escuela que en todo caso el iba cuando quería.
Un jueves santo como a las nueve de la mañana, hacia como dos horas que había regresado del monte con la leche, estaba en el patio de la casa tumbando mangos verdes para vendérselos a una señora que se los había encargado para hacer jalea, (es costumbre en los pueblos hacer dulces en semana santa) oyó a su tío en el frente de la casa llamándolo para que lo acompañara al monte a cazar iguanas ya que no tenia dinero para comprar pescao.
Su papá no quería dejarlo ir, les decía que era un pecado ir a cazar en semana santa, pero mas pudo la insistencia de su tío y las ganas de salir de la casa. Termino de recoger los mangos para entregárselos a la señora cuando fueran por el camino, le puso los aperos a pichirilo que todavía  estaba comiendo y rebuznó protestando.
Choco veía los preparativos del viaje y ladraba alrededor de pichirilo que todavía estaba protestando, algo raro en el perro que siempre esperaba en la calle, envainó su machete y lo acomodó en la silla de montar, comprobó que tenia la honda y las municiones, se montó en pichirilo que no dejaba de resoplar y salió detrás de su tío rumbo al monte de su papá dispuesto a tumbar unas iguanas.
El camino solitario, el viaje en silencio, una quietud que molestaba, no se movía ni una paja, parecía que los animales del monte se habían quedado escondidos en sus guaridas y las aves estaban todavía acurrucadas en sus nidos.
Los burros andaban lentamente como pidiéndole permiso una pata a la otra para caminar, no mordisqueaban las hierbas que crecían a la orilla del camino y choco en una actitud muy extraña, no corría como siempre delante de todos, sino que por el contrario cerraba la marcha detrás de pichirilo, de vez en cuando se ponía a su lado y miraba al jinete como tratando de decirle algo.
Pichirilo era un burro muy inteligente, cuando llegaron al lugar de la talanquera se resistió a pasar, como si sintiera o presagiara algo, pero el tío lo obligó y siguieron el viaje. Al fin llegaron a la finca después de un largo y tedioso viaje. Encontraron a  los trabajadores y a la señora que cocinaba, sentados alrededor del mesón en la enramada que les servía de cocina y comedor, tomando café y contando cuentos de aparecidos.
Cuando el tío les dijo en lo que andaban, se miraron con cierta picardía y uno de ellos, el mas viejo, les dijo: “Vinieron a perder el tiempo, las iguanas se escondieron o se fueron todas pa misa, pero ayer cazamos un cochino de monte y se pueden llevar un buen pedazo”.
A todas estas ya el tío estaba casquirrioso, sentado en un taburete arrecostado a un horcón de la enramada y con una taza de café tinto en la mano les dijo, como si ya no le quedara de otra: “Bueno que carajo, esperemos que los burros descansen un poco, tomen agua y nos devolvemos para el pueblo”. Todo esto con cara de desencanto.
El muchacho agarró el machete, se aseguró que tenía la honda en el bolsillo, revisó las municiones y ya caminando, sin esperar que alguien le respondiera dijo: voy a bajar al jagüey para ver que se me pega. El tío solo alcanzo a gritarle, “te apuras que ya nos vamos”.
Choco fiel a su dueño lo siguió en silencio, remolón, la actitud que tenia el perro desde que salieron del pueblo lo tenia intrigado, pero no dijo nada, llegó al jagüey y no había ni una vaca tomando agua, algo extraño, a lo lejos en una rama una paloma, pero no quiso arriesgarse a perder una piedra y se quedó en la orilla inmóvil atento para ver que se movía
Choco se echó un poco mas atrás, en silencio, expectante, como esperando algo. En la superficie del agua se movió algo y lo que fue se sumergió enseguida dejando hondas en el agua y no pudo saber que era, “a lo mejor  una iguana o una babilla” se dijo para sus adentros y siguió quieto, pendiente, preparado con la honda en las manos.
Pero algo raro sucedía, el jagüey era un lugar donde se acercaban a beber agua toda clase de animales, y ahora estaba tan solo y en silencio, muy quieto para su gusto, el silencio se podía tocar y el ambiente estaba tan pesado como una lapida de las que veía en el cementerio, pero aun no comprendía nada de lo que estaba pasando.
Del pajonal voló una paloma, le tiró una piedra pero no le pegó, el nunca fallaba “eso fue que no le apunté bien”  se consoló a si mismo. Choco aulló como avisándole que algo no estaba bien, lo que aguzó sus sentidos y miró alrededor buscando lo que había alterado a su perro, pero no vio nada.
Del pajonal salía  un ruido tenue pero audible, y empezó a moverse como si algo viniera caminando por dentro de las matas de paja, “será un cochino de monte”  pensó, saco de la media vieja una piedra grande y la puso en la honda.
De las matas de paja salió un ave parecida a una paloma, pero tan grande como una gallina, rápidamente estiró su honda, apuntó con cuidado y lanzo la piedra. La extraña ave ni se movió y la piedra le pasó zumbando por un lado de la cabeza. Choco ladraba a su lado con desespero sin atreverse atacar al ave, mas bien se echaba pa tras, de pronto el ave se irguió y ahora estaba el doble de alto, casi como un pavo.
Decidió entonces tirarle una piedra al pecho, pero por mas que le apuntó con cuidado la piedra no tocó al pájaro que ya había crecido como un pavo gigante.Choco seguía ladrando y por mas que se lo azuzaba al pájaro el perro no lo atacaba, mas bien se lo puso atrás y ni cuenta se dio en que momento el perro se metió el rabo entre las piernas y se fue aullando a toda carrera para donde estaba el tío con los trabajadores de la finca.
La extraña ave seguía creciendo y ahora estaba casi tan grande como un avestruz, las plumas que en un principio eran de un color cenizo ahora estaban de un  negro intenso.Con rabia le grito al pájaro con desespero e impotencia pero sin miedo, “si no te pegan las piedras te puedo cortar la cabeza”.
Empuñó el machete con decisión y se plantó de frente al ave dispuesto a todo. Se miraron como estudiándose y el internamente se decía para darse animo: “No vayas a correr, nojoda”. El pájaro seguía mirándolo, ahora como con burla y de pronto soltó un desagradable y fuerte graznido, parecido a una risa sarcásticaque se escuchó claramente en la casa de la finca en el preciso instante que llegaba choco despavorido aullando muerto de miedo y con el rabo entre las patas.
El tío reaccionó de inmediato y machete en mano salió corriendo, junto con los dos trabajadores de la finca, hacia el jagüey presagiando una tragedia, ahora choco ladrando con fuerza corría adelante para indicarles el camino.
Estaban ya cerca y oyeron otro graznido que paraba los pelos, aunque a decir verdad ya el tío los traía de punta desde que pichirilo no quiso pasar por la talanquera, llegaron al jagüey agitados por la carrera y la vieron, sin creer lo que veían; una paloma negra, tan negra como la noche y tan grande como el muchacho que a seis metros de distancia aproximadamente esgrimía su machete apuntando al pecho del pájaro extraño que ahora emitía sonidos cortos y guturales, parecía que se estuviese riendo de ellos.
El extraño pájaro camino lentamente hacia el jagüey, se movía como un pingüino, y sin dejar de mirar a los que ahora parecían estatuas de piedra, se fue metiendo al agua como si fuera una persona, lanzó un último graznido sordo, profundo fúnebre y desapareció en el agua sin que se notara algún movimiento en la superficie de esta.
Reponiéndose del susto miraban con curiosidad al muchacho que parecía hipnotizado mirando fijamente el lugar por donde había desaparecido el pájaro en el   agua. Este se fue volviendo lentamente y todavía con el machete en alto, los miro retador fijo a los ojos, sin pestañear y como quien sale de un trance les gritó: “Esa vaina me tuvo miedo, nojoda”.
Subieron lentamente a la casa, el muchacho adelante con la cabeza erguida, ufano, como si hubiese obtenido un triunfo en alguna batalla, choco enredándosele entre las piernas, contento de ver a su amigo sano y percibido del papel que había jugado en el episodio, su tío y los dos trabajadores todavía tratando de entender lo que había pasado caminaban en silencio, el mas viejo  logró pronunciar después de pensarlo mucho solo dos palabras,“jueves santo”.
El regreso al pueblo, en silencio, rumiando los acontecimientos, choco adelante como era su costumbre, él montado tranquilamente en pichirilo que ahora mordisqueaba una que otra pajita y el tío con la mente en blanco y los pensamientos enredados, casi perdidos en la confusión, sin entender nada, no sabia que hacer o decir, como si el comején le hubiese horadado la madera del cerebro.
Antes de llegar al pueblo, el tío, ya en aparente sosiego, se bajó del burro, llamó al muchacho, se sentaron a la sombra de un árbol. De su mochila sacó un pedazo de panela y otro de queso, compartió con el muchacho, le dio un pedazo de panela a choco y comieron en silencio, tomaron agua y antes de montarse nuevamente en los burros le dijo al sobrino: “No le digas a nadie lo que pasó en el monte,pero pelao de mierda, mas nunca salgo a cazar contigo, me diste un buen susto, nojoda”.
El siguió su vida normal, su rutina diaria y cuando estaba en el monte, si tenia tiempo, agarraba el machete, la honda, llamaba a choco y se iba al jagüey.
El señor mayor el que ordeñaba las vacas, el que había visto la paloma gigante y conocía de los misterios del campo, al verlo salir hacia el jagüey siempre le decía:
“ESTAS BUSCANDO LO QUE NO SE TE HA PERDIDO”.

Euclides Vargas Johnson