Pero hay algo familiar en este ruido, es como si lo
hubiera oído desde siempre, aun antes de tener conciencia de su ser.
Lo extraño es que solo tiene pocos días trabajando en el
terminal de trenes, donde lo contrataron como pintor.
Hasta el presente no había tenido contacto con trenes,
pero sus ruidos le resultan tan conocidos y eso es lo difícil de entender, no
tiene ni idea como el ruido de los motores, el rechinar de sus ruedas en los
rieles, y el inconfundible sonido del pito del tren se pueden relacionar con él, es algo que no entiende.
Tiene conocimiento que nació en un pequeño y tranquilo
pueblo donde ni luz había. El silencio bucólico era el estado normal del pueblo
solo alterado por el ladrar de los perros famélicos que deambulaban por sus
calles desiertas.
Sus padres se mudaron para la ciudad cuando el ya estaba
en la edad de asistir a la escuela y ahí tampoco habían trenes.
Pero el ruido no le es extraño, lo oyó por primera vez el
día que fue a avaluar un trabajo en el taller de mantenimiento de los trenes, y
fue como si siempre lo hubiera escuchado, realmente no le molesta pero es una
situación rara.
Pero lo raro empezó a suceder cuando llegó a su casa y su
mujer le sirvió la cena, el ruido de los sartenes, las cucharas y los platos
empezó a relacionarlos con el ruido de los trenes y el ir y venir de la señora de la cocina al
comedor y del comedor a la cocina le semejaban el ruido del motor del tren en
marcha.
Esta similitud extraña que el se creía, lo dejó
sorprendido, porque desde que salió de el terminal de los trenes cada ruido que
escuchaba en la calle lo relacionaba con algún otro ruido que emitían los
trenes en el, taller.
De la sorpresa pasó a la inquietud, y de esta al temor,
se estaba obsesionando con el ruido de los trenes y se dijo que esta situación
debía de tener alguna razón hasta ahora
desconocida por el, pero que seguro tenia que averiguar.
Lo que pasaba era que por mas que lo pensaba no le
encontraba una razón lógica, solo la novedad de algo nuevo que nunca había
experimentado en su vida.
Entonces se dio cuenta que solo lo molestaba el recuerdo
del ruido y que si no pensaba en el ruido no tenia porque preocuparse, pero le
resultaba difícil no tenerlo en la mente.
Porque el asunto no era así de fácil, ya parecía que el ruido
tenia vida propia, y se le había incrustado en cada uno de sus acciones, hasta parecía que ya el no pensaba sino que el ruido pensaba
por el.
Pasó una semana bregando con el ruido omnipresente, solo
lo evitaba a ratos cuando el trabajo lo absorbía, pero ya le estaba ganando la
guerra al ruido, había encontrado la forma de evitarlo, era no estar pensando
en el.
Pasó una semana oyendo el ruido del tren en cada cosa que
se moviera, trataba de distraerse en el trabajo y solo lo conseguía a medias,
pero era algo.
Un día decidió aclarar el asunto, primero habló con su
padre y el hombre no tenia ni idea de lo que le estaban hablando, y de paso
resulta que el papá nunca había tenido relación con alguien que tuviera que ver
con trenes.
Sus padres vivían separados, él no sabia desde cuando ni
porque, pero al otro día fue a visitar a su madre. Ellos tuvieron tres hijos,
pero su mamá aparentemente y que lo quería a el mas que a los otros por ser el
mayor.
Le llevó un presente a su madre y estuvieron un rato
hablando de cosas vagas, hasta que al fin le preguntó porque el ruido del tren
a el le era tan familiar.
La madre lo miró con dulzura y tristeza en el rostro,
como de anhelos no realizados, se puso nostálgica y medio llorosa le respondió:
“Yo también tengo el ruido del tren
siempre presente en mi mente y mi corazón, ese ruido es el que me ha sostenido
hasta el día de hoy”.
Sorprendido no sabia que decir y ya iba a preguntarle a
su madre el porque, cuando esta le puso la mano en la boca y siguió hablando:
“Tenia como 16 años y me fui para donde mi abuela a pasar unas vacaciones. En
ese lugar quedaba una estación del tren y el vecino de mi abuela tenia un hijo
que trabajaba en la compañía de trenes como maquinista”.
“Una tarde nos vimos por la cerca del patio y fue amor a
primera vista, pasamos un par de mese de ensueño, cuando su tren llegaba a la
estación le daba dos pitazos cortos y uno largo para que yo supiera de su
inmediata presencia y un día antes de irme para donde tus abuelos, lo que tenia
que pasar pasó. Por eso es que te quiero tanto, eres el fruto del único amor de
mi vida”
“Perdóname si el ruido del tren te ha molestado, pero es
la herencia del ruido. Tu no tienes que sufrir esa molestia, déjame llevar a mi
sola mis sueños y mi desdicha”.
El hombre ahora usa unas tapa orejas inmensas y solo se
acuerda del ruido cuando ve a su madre quien lo
mira con picardía confidente.
Euclides Vargas Johnson