La
locura es el refugio de los cuerdos, ya que de tanto creer que lo son, no se
dan cuenta que lo están.
Cuando
el loco hace o dice una genialidad, se piensa que es una persona brillante,
siempre y cuando esta esté en el contexto de lo que piense la mayoría de la
gente, ya que estas no lo dicen o no lo hacen para que no los tilden de locos.
De la locura a la genialidad solo hay un paso y hay muchos que no saben que ya
lo dieron,
El
inadaptado es el que no esta de acuerdo con nada y en contra de todo, en mis
tiempos de juventud se les llamaba excéntricos y llamaban la atención por su
forma irreverente de vivir.
Cuando
niño conocí al loco mas cuerdo que uno se pueda imaginar. El nunca se las dio
de loco aunque lo parecía, y por eso lo llamaban loco. Deambulaba por las calles
de mi pueblo sin meterse con nadie, los niños le tenían mucho miedo, menos yo
que logré saber y entender el motivo de su aparente locura, y además era mi
amigo.
Este
loco me tenia curioso, como no pedía limosna ni aceptaba dinero de nadie, quería
saber como y de que vivía, no perdía
ocasión de observarlo. Cuando yo no quería entrar a clases, (que era casi
siempre) me iba para la playa y ahí estaba el loco, acostado en la arena, bajo
la sombra de las matas de coco esperando el regreso de los pescadores para
ayudarlos a sacar los botes del agua. Con el tiempo me enteré que esto lo hacia
para colaborar ya que no aceptaba pago de ninguna clase.
Esta
actitud del loco me intrigaba y un día decidí seguirle los pasos para ver que
era lo que hacia durante el día, donde comía
y sobre todo donde dormía.
Era
un día de competencias deportivas en la escuela y como hacia casi siempre me
fui directo para la playa. Fue un día fabuloso de descubrimientos ya que pude
desde ese momento entablar una relación con el loco que con el tiempo se
convirtió en amistad.
Ya
saludaba al loco cuando lo veía por ahí, pero ese día con algo de miedo pero
sin temor me senté a su lado y le pregunté de sopetón; ¿Cómo te llamas? Me miró
sin verme, como si yo fuera una cucaracha, y con una voz grave y bien modulada,
parecida a la de mi profesor de lenguaje, me respondió: “Las personas me llaman
barbuta, ya lo sabia, era por su barba y su pelo largo enmarañado, pero mi nombre es José Manuel y me
puedes llamar como quieras que a mi me da igual”. Yo todavía estaba nervioso
pero quería saber mas y entonces le pregunté: ¿Por qué estas así? El loco me
miro fijamente a la cara y pensé que no me iba a responder nada, pero entonces
se acostó en la arena, puso sus brazos como almohada y empezó a hablar.
“Era
de una familia adinerada que se dedicaban a la construcción de edificios y
casas, eran dueños de haciendas de ganado, tenia un hermano y dos hermanas que
el quería mucho, su mamá venia a verlo todas las semanas y cuando estaba
barbudo ella misma lo afeitaba. Era estudiante del último año de ingeniería
aeronáutica, pero de tanto estudio el cerebro se le cansó y empezó a olvidarse
de las cosas y ya no pudo seguir en la universidad”.
“El
medico aconsejó a la familia que lo llevaran a un lugar tranquilo donde sin
ninguna preocupación pudiera recuperarse y su cerebro volviera a la normalidad, pero lo que mas me
llamó la atención fue que me dijo que el no estaba seguro que su cerebro
pudiera volver, pero era él quien no quería hacerlo”. El loco me dejó loco.
Nos
quedamos un largo rato acostados en la arena, callados, absortos en si mismos
hasta que llegaron los pescadores, los ayudamos a bajar la pesca, sacamos los
botes del agua y cuando terminamos un pescador me regaló tres pescados mas o
menos grandes, no sabia que hacer con ellos ya que no podía llevarlos a mi casa
porque tenia prohibido ir a la playa. El loco me vio indeciso y me dijo vamos
para donde Maria.
Caminamos
un largo trecho por la playa hasta que
llegamos a una de las últimas casas a la orilla del mar. Estaba construida toda
de madera con techo de zinc, sin puertas ni cerca, (al loco José Manuel no le
gustaban las puertas ni nada que semejara encierro) el patio era una especie de
taller o un pequeño deposito de chatarra. Resulta que uno de los “trabajos” del
loco era reparar cualquier artefacto eléctrico o mecánico que le llevaran
incluyendo carros, motos y bicicletas, lo mejor del asunto era que no le cobraba
a nadie, claro el reparaba las cosas cuando le daba la gana.
Cuando
lo visitaba y lo encontraba en el taller
hacia que lo ayudara, le pasaba las herramientas, lavaba con kerosén las piezas
y hacia todo lo que me dijera, lo curioso del caso era que el no aceptaba que
“los clientes” se quedaran esperando o que quisieran ayudarlo, si insistían
hacia que se llevaran sus artefactos. Aprendí muchas cosas de mecánica con José
Manuel.
Me
acuerdo un día que reparó una pequeña moto y para probarla me montó en la moto
y me fue indicando como se manejaba hasta que logré dominarla y gozamos muchísimos sobre todo cuando se
enterraba en la arena y teníamos que empujarla para sacarla. Cuando llegó el
dueño de la moto se puso bravo y José Manuel solo le dijo que la estaba
probando y que cuando se le dañara buscara otro que se la arreglará.
En
esta singular y atractiva casa vivía mi loco cuerdo, su familia compró o alquiló el terreno e hicieron la casa y se
trajeron un matrimonio para que lo cuidaran. Cuando llegamos el esposo de la
señora María estaba durmiendo en una hamaca, que además de colaborar con la
limpieza de la casa era su otro pasatiempo. La señora María, o María como le
decía el loco, y yo de ayudante hicimos
una tremenda sopa de pescado que repetíamos cada vez que podíamos así no
estuviera el loco.
Me
convertí en un visitante asiduo a esa casa, tanto que se convirtió como mi
segundo hogar, ya que pasaba mi tiempo en la escuela y donde el loco y a mi
casa solo iba a dormir. José Manuel me ayudaba a estudiar, se convirtió como mi
tutor empecé a sacar buenas notas y deje de faltar a clases, hasta mi maestro
estaba asombrado de mi rendimiento.
El
loco entraba y salía de su casa a cualquier hora y como quisiera, a veces me
dijo la señora María se desnuda y se va a caminar y bañarse en el mar y no le
importa que sea se día.
Una vez se lo llevaron preso, y a duras penas
la señora María lo ayudo a ponerse unos interiores pero lo soltaron de inmediato ya que hablé con
mi papa que era el alcalde del pueblo y le dije que barbuta era mi amigo. Mi
papá me firmó una boleta para que la policía me lo entregara y me fui con mi
loco en interiores y yo sin camisa agarrados de la mano por toda la mitad de la
calle hasta que llegamos a su casa. Cuando la señora María nos vio llegar casi
que se muere de la risa y decía “ustedes son un par de locos”.
Después
de ese día mis compañeros de estudio me miraban raro y decían que yo estaba
loco o me faltaba poco, no les ponía atención y
seguía frecuentando la casa de José Manuel y estudiando con el loco.
Ahora que lo pienso me doy cuenta realmente que los únicos cuerdos que vivian
en mi pueblo eran José Manuel y yo.
Este
loco influyo bastante en mi manera de ver las cosas, sobre todo las que tenían
que ver con los bienes materiales, ya que se desprendía fácilmente de cualquier
cosa sin importarle a quien se las daba. Si no fuera por la señora María regalaba
hasta los víveres que la familia le traía todos las semanas El tenia una
palabra para calificarlas que yo no
entendía; “son efímeras y recuperables”. Aprendí de él a no tenerle apego a
nada material.
Un
día mi papá llegó a la casa diciendo que en la alcaldía no había una
maquina de escribir que sirviera a lo que yo le propuse que si quería le
decía a barbuta para que las arreglara, a lo que mi papa me dijo que si yo
estaba loco. Que vaina, no me creía pero al fin no se que pasó y un día me dijo
“bueno dile al loco que pase por la
alcaldía para que hablemos”.
Cuando
le dije a mi papá que tenia que llevárselas a su casa puso el grito en el cielo
y me dijo que yo estaba mas loco que el loco, pero al fin lo convencí y me fui
con un policía a la casa del loco con una maquina de escribir en una
carretilla, cuando llegamos no estaba pero yo la llevé hasta el taller y le
dije al policía que se fuera.
El
asunto fue que José Manuel le arreglo todas las maquinas de escribir a la
alcaldía y cuando se dañaba cualquier aparato se lo llevaban a su casa, sobre
todo los ventiladores que siempre estaban malos.
Un
domingo José Manuel se metió en la iglesia cuando el cura estaba dando la misa
y a lo que este lo vio se puso todo rabioso y lo mandó a sacar con la policía.
José Manuel no era agresivo y salió tranquilo pero al llegar a la puerta le
grito al cura “Dios también está en la playa”. Al otro día le pregunté que
porque había dicho eso y me respondió que “Dios esta en el lugar de los que
están con él y por lo tanto está aquí en la playa”. Que gran loco cuerdo.
Me
toco irme a estudiar a la ciudad y ya solo lo veía los fines de semana pero
ahora me ayudaba con mis clases mas que antes ya que estaba en bachillerato. Muchas veces dormía
los viernes y los sábados en su casa, pero un día sucedió lo jamás pensado.
Llegué
un viernes en la tarde a mi casa y me fui al cine con los amigos al otro día
después de desayunar agarré mis tareas y salí corriendo para donde José Manuel
y encontré la casa vacía, hasta su taller había desaparecido, solo quedaba el
techo. Fui a donde los vecinos pero ellos no supieron o no quisieron contestarme nada.
En el pueblo nadie me dio razón de lo que
había pasado, era como si nada especial hubiera pasado, no extrañaban al loco,
le pregunté a los pescadores y solo dijeron que tenían días que no lo veían.
Esta
situación me tenía en un estado oscuro e inexplicable. Era como si José Manuel
no hubiera existido y solo yo era el que lo había conocido. Para borrar lo
nefasto que a cada momento elucubraba mi mente me inventé mi propia historia de
los hechos; La familia de José Manuel llegó un día al pueblo con el medico, lo
chequearon y diagnosticaron que ya estaba sano, recogieron todas sus
pertenecías y se fueron nuevamente de donde vinieron.
José
Manuel volvió a la universidad, se graduó y ahora cuando veo un avión que pasa
raudo por el aire se que ahí va el loco barbuta, mi amigo, mi maestro, como
ingeniero de vuelo.
Que Dios guarde a los
locos de los cuerdos.
Euclides
Vargas Johnson