Explora el lugar y encuentra una silla plástica que coloca a la orilla
del agua, se sienta pesadamente en ella e introduce nuevamente sus pies en la reconfortante y agradable
sensación de húmeda placidez.
Se arremanga los pantalones hasta la rodilla y se da una especie de masaje en las dos
piernas. Siente una suave sensación de descanso inerte, está cómodo y el ambiente invita a dejarse llevar
por el momento de tranquilidad y sosiego, se siente bien, como si estuviera de
vacaciones en alguna playa paradisiaca de esas que se ven en los anuncios de
las revistas de viaje.
Y no es que sufra de dolores en las piernas o en alguna otra parte de su
vetusto cuerpo, sino que a estas alturas ya su vigor no es el mismo, por lo que
tiene que andar despacio y descansar todo lo que pueda para no abusar de sus
condiciones físicas, se puede decir el hombre anda bien de salud y aprovecha la
oportunidad para meditar en las cosas
que le van sucediendo y recrean su vida.
Pero que va, no está en el abandonarse sin pensar en nada, y empieza a
cavilar como llegó a este lugar, y fue que la señora María, donde duerme ocasionalmente,
lo recomendó para cuidar una casa en las afueras del pueblo, de esas que la gente
llama un chalet, de una familia que solo la habita los fines de semana, no sabe
porque lo hacen ni le interesa, trabajo que aceptó sin preguntar nada, solo le
interesa el cambiar de aires para renovar su vida.
Porque cambiar de aires es para él es algo diferente a lo que otros piensan. Unos creen
que significa mudarse para otra parte y olvidarse del mundo, para él eso no es
cambiar de aires; es hacer otras cosas, experimentar con nuevas amistades,
vivir otras emociones tanto materiales como espirituales, es comer otras
comidas, es mirar el esplendor del sol
cuando amanece, es mirar el ocaso del sol con la esperanza de verlo salir al
otro día, es hacer estas cosas cada día como si fuera la primera vez que lo
experimenta y sin mudarse para otra parte huyendo de la realidad.
Sus necesidades son pocas y básicas, duerme cuando tiene sueño y come
cuando tiene hambre o hay la
oportunidad, las otras obligaciones las hace cuando el asunto es apremiante y pensó que todo esto lo obtendría
sin mucho esfuerzo cuidando la casa, no le interesa mas nada ni siquiera que le
paguen con dinero, solo necesita un sitio seguro donde pueda cubrir sus
menesteres diarias y sobre todo un lugar seguro para dormir.
La señora María le informó del trabajo ya el domingo en la tarde y como
tenia que presentarse el lunes temprano,
decidió salir de inmediato porque quedaba un poco lejos del pueblo, pero lo
agarró la noche caminando buscando la casa, esta situación no lo preocupaba en
lo mas mínimo, ya estaba acostumbrado a no encontrar de inmediato lo que
buscaba sino cuando era el tiempo de hacerlo, esa era su filosofía y no le
llevaba la contraria a lo previsto, lo que lo mortificaba era lo imprevisto ya
que no creía en las casualidades sino en las causualidades.
La señora María le dio la dirección y las señas de la casa y que quedaba
como a media hora de camino, pero ya tenia como una hora caminando y no
encontraba la casa blanca y bonita con unos arboles frondosos en el frente.
Eso de la casa grande y bonita lo tenia sin cuidado, ya que había
aprendido en su andar por esta vida que muchas veces las apariencias engañan,
ya que lo bonito no es lo que se ve o se oculta sino lo que se es y se
manifiesta, la verdad no se puede camuflar, la casa podía ser grande y bonita
por fuera pero pequeña y fea por dentro, de corazón el hombre quería que no
fuera así y que también fuera bonita por dentro para sentirse cómodo, pero si
no, haría su parte para que lo fuera.
Seguía caminando y el trayecto se
hacía
largo y tedioso, pero continuaba en el empeño de encontrarla, hasta que
al fin llegó a una casa blanca con arboles en el frente pero como era de noche
no se dio cuenta si era bonita. Todo estaba oscuro, ya que no tenía encendida
ninguna luz, pero supuso que esa era la casa y que vería a sus dueños en la
mañana, para él esto no tenia ningún problema.
Anduvo un rato caminando por el patio o jardín que rodea la casa hasta
que llegó al sitio donde está con los pies en el agua sentado en una silla
vieja de plástico, descansando de la larga caminata. Caminar era para el hombre algo
milagroso, siempre pensaba que el día que no pudiera hacerlo, seria como dejar
de respirar, además que caminando daba rienda suelta a sus diálogos internos,
sus monólogos silentes, sin publico a
quien complacer y sin aplausos condescendientes para el actor decadente
e ignorado, que habiéndolo dicho todo ya no le queda nada que pudiera ser de
interés para un publico apático e inconsciente.
No está muy seguro si esta es la casa que cuidará, pero lo sea o no
decidió que aquí se quedará hasta que amanezca, ya no quiere ni moverse, se apoltrona lo mejor
que puede en la silla y estira las piernas dentro del agua, se siento bien,
pero empieza a notar algo raro del agua, esta no corre por lo que no es un
riachuelo. Este pueblo queda a la orilla del mar, pero esta casa no debe
estarlo ya que el agua no tiene olas, es un agua quieta y no está fría, como se
siente bien con los pies dentro del agua y está disfrutando el momento se
decide olvidar el asunto y averiguar mañana cuando salga el sol.
Hay un olor agradable en el ambiente que penetra suavemente en su nariz,
es un olor a limones y mangos maduros, cuando aclare el día buscará unos para desayunarse, en la ciudad los
obreros de la construcción le dicen pollos a los mangos y generalmente los
comen después del almuerzo y hay otros que ese es su almuerzo, varias veces le
ha tocado almorzar pollos. Espera
encontrar otro tipo de frutas, piensa que seria muy bueno para su dieta
ocasional. El olor a mangos le despertó
el hambre ya que no ha comido nada desde el medio día, pero piensa que por la
mañana buscará algo para satisfacer su estomago.
Ya le está dando sueño y saca
los pies del agua porque si se queda dormido con los pies remojados seguro que se
puede resfriar y eso es malo, porque si uno vive solo enfermarse es
fatal. Una vez le pegaron unas fiebres, pero no era una calentura sino que
temblaba de frio y como no tenia medicinas para eso, lo que hacia era echarse
encima todos los trapos que podía hasta que el cuerpo se calentaba nuevamente.
Uno de esos días hasta pensó que era paludismo y una señora le recomendó y que
tomara quinina, paro eso ya no lo venden en ninguna parte.
Ya tenía un par de días en esa situación y decidió ir a la medicatura
para ver que hacían por él. Esos escalofríos eran muy molestos y ya le
daba miedo el asunto. Conto con mucha
suerte ya que encontró a una señora que trabajaba en la limpieza del lugar a
quien de vez en cuando le barría el patio de su casa y a cambio le daba de
comer.
La señora se portó bien, primero
le dio ropa limpia y jabón para bañarse, no era que estuvieras sucio
sino que le hacia falta el baño, después lo llevo donde el medico de guardia
quien apenas supo que le daban escalofríos enseguida opinó que tenia infección
en los riñones, mando que le hicieran unos exámenes de orina y dio en el clavo.
Le regaló unas pastillas y la recomendación imperiosa de tomar mucha agua, por eso hora carga una
cantimplora full. Se tomó la medicina y ya no le han dado mas fiebres de esas
antinaturales y molestosas.
Después que sacó los pies del agua, se sentó en el suelo, puso sus zapatos de goma a un lado, sacó de su
maletín una sabana que le servía tanto de manta como de colchón y la extendió
en el suelo, el maletín lo puso como almohada y mirando al cielo, donde no se
veían estrellas se quedó dormido.
Siempre que dormía a la intemperie soñaba lo mismo. Soñaba que estaba en
una lanchita de remos pescando en el mar, la marea en calma y los peces picando
uno detrás de otro, los desenganchaba del anzuelo y los volvía a echar al agua,
este es un sueño recurrente, inconcluso e inevitable, porque siempre ha querido
vivir a la orilla de la playa, tener una lanchita y bogar por horas sin rumbo
en el mar. Si se le cumple el sueño, será eso, un hermoso sueño cumplido.
Este pueblo donde vive el hombre actualmente, esta a la orilla del mar
pero sus playas no le gustan, porque no hay arena en ellas
sino grandes piedras donde se estrellan las olas haciendo espuma y mucho ruido
y a lo mejor no podría ni dormir. Empezó a sentir como unas cosquillitas en la planta
de los pies y de pronto se da cuenta que ya no está soñando sino que con el
ajetreo de la pesca se había rodado y tenía otra vez los pies dentro del agua.
Inmóvil observa el agua para ver
si podía identificar lo que estaba mordisqueando sus pies, pero que va, no puede
ver nada ya que todavía es de noche. Decide retirarse un poco mas de la orilla
y como tenia la conciencia tranquila y después de la pesca había quedado
cansado se queda dormido nuevamente.
El hombre despierta intempestivamente,
ya está aclarando el día y lo que lo despertó fue que se acordó que la señora
María le había dicho que una de sus obligaciones era cuidar de unas gallinas
que los dueños de la casa criaban para entretenerse y que las habían traído de
no se donde. Lo que extrañaba era que
todos los gallos cantan en la madrugada y no los oía, espera un rato mas a ver
que pasa, pero nada que escucha cantar
un gallo. Entonces empieza a creer que como eran de raza extranjera cantaban
era para dormir y se levantaban en silencio, que puede saber uno amanecerá y veremos, piensa interiormente.
Empezó a lloviznar un poco y se resguarda en la enramada donde había
encontrado la silla de plástico, se sienta en una butaca vieja y pone los pies
en la silla y sin saber cuando ya estaba durmiendo otra vez. Realmente no había descansado nada y con el
ajetreo de la pesca estaba agotado. Era
que los sueños del hombre eran en vivo y directo.
Lo despertaron unas voces y cuando abrió los ojos ve a dos jóvenes que
lo están mirando con una sonrisa picara en la cara.
Uno de ellos pregunta:
= ¿Por que estas durmiendo aquí?
-- Yo soy la persona que los
dueños de esta casa han contratado para cuidar los perros, las gallinas
extranjeras, limpiar el patio y hacer otros oficios que todavía no se cual
serán.
Los muchachos sin dejar de reír
= Usted está buscando es la casa
de la familia Remilgos que queda un poco mas allá, en esta casa vivimos
nosotros con la familia y lo que tenemos es un criadero de peces para lo que
hemos hecho unas lagunas artificiales.
Entonces fue que cayó en cuenta que las cosquillas que sentía en los pies
eran los pececitos mordisqueándoselos, les pidió permiso para acercarse a la
laguna y ahí estaban los peces nadando de un lado para el otro, eran de colores
variados, negros, blancos, rojos, marrones y manchados. No les dijo que había
metido los pies en el agua y les pidió el favor que le indicaran entonces como
llegar a la casa de la familia Remilgos.
Uno de los muchachos se fue hacia unos arbustos y desapareció de su
vista, el otro le dijo:
= Tranquilo que nosotros te llevamos, todavía es temprano y primero vamos
a desayunar.
El desayuno estuvo en un momento, ellos mismos lo hicieron, el joven que
se quedó con el hombre prendió una
cocina que estaba en la enramada donde lo encontraron durmiendo y puso a hervir
agua, al momento llegó el otro con una brazada de yuca que el hombre ayudó a pelar, hicieron un guiso de cebolla y
tomates y lo revolvieron con huevos, lo acompañaron con café negro, estaba
rico, el hombre tenia mucho tiempo que no desayunaba de esa forma, quedó como
para no comer por lo menos por tres días.
Esto es un decir porque nunca
había pasado tres días sin comer, ni siquiera un día, jamás paso hambre
aunque las circunstancias parecieran decir lo contrario, en su casa, porque
tiene casa, no falta la comida, aunque pueden faltar otras cosas mas
importantes que él se calla o expresándolo de otra forma, no se las dice a
nadie, es un asunto personal pero no con otras personas sino consigo mismo por
lo tanto es su problema y está decidido
a resolverlo cuando le llegue el tiempo. Porque todo tiene su tiempo en esta
vida y todo tiene solución aunque muchos crean lo contrario.
El hombre estaba extrañado al ver
que la familia de los muchachos no aparecían por ninguna parte, y estos ya
estaban revisando la camioneta donde se irían para la ciudad decidió entonces preguntar donde estaban.
-- ¿Y sus familias donde están?
= Lo que pasa es que están durmiendo y no se levantan hasta que no les de el olor a café. Como nosotros trabajamos de albañiles en la ciudad, nos levantamos mas
temprano hacemos el desayuno y ellos
solo se paran para acomodar a los hijos para llevarlos a la escuela.
Cuando el hombre oyó esto se acordó que en tiempos pasados el tenia un transporte escolar
en la ciudad y le iba bien, solo lo dejo cuando empezó a ponerse viejo y las
personas ya no lo contrataban para llevarles los hijos a la escuela, porque
como eran tantos niños a veces se le olvida recoger alguno que otro muchacho,
lo que para él no era problema porque en
todo caso se quedaban en su casa, pero para los padres si ya que los niños
perdían clase.
= Puede volver cuando quiera,
sepa usted que esta es como su casa y
que si no le gusta el trabajo puede venir a trabajar con nosotros, solo tiene
que alimentar a los peces y limpiar el terreno de la maleza que ahoga la
siembra, que por cierto era bastante.
No les prometió nada y les dio
las gracias por el desayuno y la confianza, siempre pensando que cual era la
razón para que estos muchachos lo
trataran tan bien y la respuesta le llegó de inmediato, como si le hubieran
leído el pensamiento.
= Lo que pasa es que no se
acuerda, pero usted nos hacia transporte para la escuela cuando vivíamos en la
ciudad, mis padres lo recuerdan mucho y se van a alegrar cuando sepan que
estuvo un rato con nosotros.
Esta afirmación lo tomo por sorpresa, que bien pensó para sus adentros,
y enseguida como era su costumbre empezó a darle vueltas al asunto en su cabeza
y a tratar de recordar a las familias a
las que tuvo la oportunidad de servir, pero no podía dar con ellos, claro lo
que pasaba que eso fue ya hace tiempo y la gente cambia.
-- ¿Cuál es el apellido de
ustedes y como se llaman sus padres para ver si me acuerdo?
= Bueno mi mamá se llama
Rigoberta y a mi papá le dicen el señor Juan y nosotros somos Pedro y Pablo y
vivíamos por los lados del cementerio.
Esta respuesta lo dejó perplejo y se dio cuenta que ya no recordaba muchas
cosas, por lo que solo atinó a decirles:
-- A sus padres si los recuerdo
pero a ustedes no, como han cambiado tanto es difícil reconocerlos así de
primera.
Ya eran como las seis y media de la mañana cuando se levantaron los
familiares de los muchachos, los padres vivían en el pueblo, se despidieron de
ellos y salieron en la camioneta vieja que andaba muy bien, rodaron como media
hora.
=
Todos los días como a esta misma hora pasamos para la ciudad y a las cuatro de la tarde regresamos para la casa, a veces vamos al pueblo a ver a
los viejos por si quiere visitarlos o
desea hacer alguna diligencia en alguna
de esas partes.
El hombre no es que había perdido
la fe en la gente sino que al andar por ahí en un son ni ton aparente ha
comprobado por experiencia propia como las personas se dejan llevar por
sentimientos inducidos por la sociedad, donde todo lo que no les gusta o desconocen
es malo, y desprecian todo aquello que les puede causar molestia a su status.
Esto no solo pasa con los extraños sino también dentro de la familia, donde
poco a poco, casi sin darse cuenta van dejando de lado a miembros molestos,
sobre todo a los viejos o a los que por algún motivo han caído en desgracia. La
ley de la inmisericordia.
Una vez al mes visita a un amigo que su familia internó en un asilo y
que para que no pasara trabajo ya que ninguno de sus hijos podía cuidarlo, esta
es una de las razones que lo hizo salir corriendo de su casa antes de que a
alguno de sus hijos se le ocurriera esta idea criminal, primero muerto que
preso.
El muchacho que conducía la camioneta
redujo la velocidad y a lo lejos vio la casa blanca y bonita con arboles
frondosos en el frente, como se la había pintado la señora María
-- Por favor déjenme por aquí que
quiero llegar caminando a esa casa para hacerme la idea de que cumplí con mi
cometido.
Los muchachos lo miraron con cariño e indulgencia, sonrieron, y le
recordaron su propuesta, se despidió de
ellos y con cierta tristeza y nostalgia los vio seguir su camino rumbo a donde él
tenía su casa, su familia y sus pertenencias.
Se quedó un rato parado en el frente, pensando en lo que le había
sucedido esa noche, y la buena voluntad de esos muchachos, su espíritu noble y
reflexionando se dijo: “De buen corazón es aquel que en su cara se refleja la
condescendencia”, mentalmente les dio las gracias nuevamente y enfrentó con decisión una nueva etapa de su peregrinaje voluntario.
En este sector de las afueras del pueblo, las casas no tienen cercas en
el frente, una senda bordeada de matas de flores lleva hasta el frente de la casa, el terreno
es grande y con arboles frutales y tienen cerca solo a los lados y en el fondo
y otra que divide el terreno como delimitando un traspatio. Camina lentamente hasta
la entrada y mira hacia dentro por una
ventana abierta, no ve nada, ya se disponía a tocar la puerta cuando salió una
señora bajita, regordita y seria que le preguntó con una voz grave y
autoritaria:
= ¿Señor que busca?
Le sorprendió el recibimiento, y al no saber si la señora era la dueña
de la casa u otra persona, además que ya se había hecho en la mente la idea de
que la casa a esa hora ya estaba sola,
le respondió lo mas tranquila y amablemente que pudo.
-- Yo soy el señor que han contratado para cuidar de los animales y
limpiar la casa.
La señora lo miró de pies a
cabeza, como haciéndole un examen y al parecer quedó satisfecha, Esa mirada inquisidora ya la
sufría desde que decidió salir a dar un
paseo por las calles de su barrio al que regresaba todos los meses para reponer sus exiguas pertenencias. Entonces era cuando lo taladraban sin reparo, sin
piedad ni lastima, el hombre ya tenia la idea que cuando lo miraban de esa
manera lo estaban criticando. Era que no solo regresaba por ropa sino también
para cobrar su pensión a la que le daba un destino social por lo que tenía que
calarse esa intromisión invasiva y critica en su vida personal.
El hombre sabia que la mayoría de las personas que lo enjuiciaban,
estaban en situaciones morales peores que las suyas, ya que sus faltas las
mantenían cubiertas con una delgada capa de honradez, que se les podía caer con
un pequeño traspiés de su aparente probidad.
= ¿Cómo te llamas?
Nuestro protagonista ya se sentía incomodo por la actitud de la
inquisidora mujer, pero como no sabia con quien hablaba, y además su nombre era
para el algo risible, ya que había sido extraído por su padre (lector
empedernido de la literatura griega) de una epopeya no sabia
si de la Ilíada o de la Odisea, se lleno de calma y con voz pausada le
dijo su nombre.
= Muy difícil de pronunciar así que te llamaré viejo
porque de verdad lo estas y además es mas fácil y familiar.
La mujer lo invitó a entrar a la casa y empezó como a leerle la
cartilla:
= El desayuno a las siete el
almuerzo a la una y la cena a las seis, si te gusta el café u otra cosa tienes
que hacértelo. Yo duermo aquí en la casa, me voy los viernes en la tarde cuando
lleguen los señores y regreso los domingos en la tarde, los señores se van los
lunes temprano en la mañana, pero tu tienes que esperarlos para que te digan tu
horario, pero te digo desde ahora que a ellos les gusta que te quedes aquí para
que los acompañes y de paso ayudes al señor en ciertos trabajos. En el patio
hay un cuarto donde vas a vivir que tiene baño y cocina por si no te gusta la
comida que yo hago.
A todas estas el hombre observaba a la señora y le hacia gracia que estuviera
tratando de guardar distancia con su persona, lo que le agradaba sobremanera ya que de esa forma no tenia que
estar rindiéndole cuentas. Le mostró el terreno de la casa que era bastante
grande, el galpón de las gallinas, la perrera,
el cuarto de los alimentos y le entregó las llaves de la habitación.
Ella se fue para la casa y el hombre decidió inspeccionar su habitación y sus predios. La
pieza era grande pero estaba vacía, solo una pequeña nevera en un rincón,
revisó el baño y se dio cuenta que la tubería del agua estaba rota, después la
arreglo se dijo, una sola puerta al frente y una ventana a cada lado las que
abrió inmediatamente, observó que a la
nevera le daría el sol por lo que la movió al lado de la puerta y la conecto al
tomacorriente, pero esta no funcionó, la desconectó y otra vez se hizo la
promesa de revisarla cuando tuviera tiempo.
En la parte de atrás de la pieza, bajo una pequeña enramada una cocinita
con su bombona de gas, un lavaplatos y una batea completaban su línea blanca,
tenia que arreglar la tubería del agua para lavar la ropa y los utensilios de
cocina, pero lo dejó también para otro
momento.
La señora lo llamó desde la casa, fue a ver que quería, sorpresa, le brindó
desayuno que se comió encantado aunque no tenia hambre, además eran dos arepas
rellenas con queso y una taza de café con leche, que hacia tiempo que no lo veía,
y de paso se había hecho costumbre en él
no despreciar nada que le ofrecieran, ya que se decía que si no recibía lo que
le daban, le quitaba la voluntad a las personas y después no le darían nada.
Cuando terminó su desayuno, la señora le mostro unas cajas con útiles
para la cocina, víveres, artículos de baño y de limpieza. Miraba las cuatro
cajas y le vino a la memoria que el día que decidió salir de su casa también
había colocado en cuatro cajas de cartón su ropa y todo lo que el pensó en ese
momento era necesario guardar. Pero ese
día le presentó el problema de no tener a una persona de confianza para que se
las guardara. Se había retirado de la vida social hacia tiempo, por lo que se encontraba
aislado de las personas que antes fueron sus allegados. Solo le quedó la opción
de apilarlas en un rincón de su cuarto con la recomendación de que no se las
estuvieran registrando.
El hombre ya con la barriga llena, traslada las cuatro cajas hasta la
enrramadita que está al fondo de su habitación, con el ánimo de registrarlas
afuera no sea que de pronto salga un animal de ellas, entre viaje y viaje se da
cuenta que la cerca que divide la casa del resto del terreno está rota en
algunas partes y como es de alambre de ciclón, decide empezar sus tareas
arreglándola de inmediato.
En su maletín siempre carga un martillo, unos alicates y unos
destornilladores como herramientas básicas para arreglar cualquier cosa. En el
fondo del galpón había visto unos pedazos de alambre ciclón los que se trae
para el frente. El hombre es un experto en eso de arreglar o hacer funcionar lo
que sea y pone manos a la obra. La cerca solo estaba rota en tres partes y la
acomodó rápidamente.
Después se encargó de los animales, primero con los dos perros, estos
eran hembra y macho y estaban esterilizados, aunque permanecían en una jaula grande los tenían amarrados, lo
que al hombre le disgustaba porque le gustaban los animales y los perros mas
que cualquier otro. Estos perros resultaron mansos y amigables, eran un cruce
de pitbull con pastor, les quito las correas y los dejó sueltos en la jaula.
Les puso comida y agua y se propuso bañarlos al otro día a ver que tal se
portaban y entonces soltarlos para que
corrieran alrededor del galpón.
Después le toco el turno a las gallinas, eran de raza guinea o pintadas y son oriundas de
Nueva Guinea, África, ya las había visto
en el zoológico de la ciudad un día que fue a llevar una excursión de niños
para que vieran los leones y los tigres. Eran gallinas normales solo se
diferenciaban de las criollas por la pinta de sus plumas que eran de color gris
con manchas blancas y que los huevos eran pintados.
Les lavó los bebederos, les puso
comida, recogió unos cinco huevos, rastrillo todo el suelo del galpón y cambio
el aserrín del piso, llevo todo esto para el fondo del patio con la intención
de ver si al señor le interesaba hacer
abono orgánico que podía servir no solo para el uso se la casa sino que también
se podía vender, estos menesteres le tomaron medio día completo y solo abandonó
el trabajo cuando la señora lo llamó para que almorzara. El hombre se sentía
sudado y se dio un baño, se cambio la ropa y se fue muy contento para ver que
tal estaría el almuerzo.
La señora le sirvió el almuerzo en la cocina, estaba sabroso y a la
pregunta de que si quería mas, no se hizo rogar y repitió la ración.
= Por lo menos no se va a perder
la comida, se ve que tienes viandas atrasadas.
-- Lo que pasa es que soy de buen
comer y la comida estaba sabrosa. Recogí cinco huevos y no se donde guardarlos
= Bueno tienes que ponerle la
fecha de hoy porque el señor los selecciona para venderlos o ponerlos en la
incubadora que tiene en su casa, guárdalos en tu cuarto en una cesta que esta
en una de las cajas, no te los comas que si quieres huevos yo tengo aquí en la
nevera solo tienes que pedírmelos.
Esta conversación dejo mas tranquilo al hombre, las reservas que tenía
con la señora parece que eran infundadas y decidió dedicarse a sus labores y
molestarla lo menos posible mas bien se puso a la orden para lo que necesitara.
Antes de retirarse de la casa la señora le mostro un par de sillas y una
pequeña mesa que el hombre muy gustoso se llevo para su habitación. Se fue al
patio con una silla y se acomodo debajo de una mata inmensa de mango con ánimo
de reposar el almuerzo.
Todo señalaba que el hombre estaba pasando un día perfecto y para que lo
fuera realmente tenia que echar una pestañadita, por lo que se acomodo lo mejor
posible en la silla. Se sobó la barriga en un movimiento reflejo de
satisfacción y pensó que la opinión que creía tener de la señora se disipó en
el preciso instante que se sobo la barriga, ya estaba casi que se dormía cuando
la señora lo llamó desde la casa.
Tuvo ganas de no poner atención al llamado haciéndose el dormido, pero
con la barriga llena corazón contento y como no había razón para negarse, salió
solicito haber que quería la señora.
= En la caja mas grande hay una
hamaca limpia, que me tienes que dar para lavarla cuando salgas de permiso para
que no se percuda. También encontraras las cabulleras y los mecates, ven como a
las tres para que te comas una merienda o tomes café.
Cada atención de la señora ponía de manifiesto su cordialidad, le dio
las gracias y se retiro a guindar la hamaca para echar la zorrita. Un día
perfecto sin duda alguna, el hombre se llenaba de gozo con pequeñas cosas y las
agradecía de todo corazón.
Guindó la hamaca bajo la sombra del árbol, se acostó plácidamente y
planificó en su mente el resto del día. Primero revisaría las cajas para
acomodar su cuarto, después que tuviera ya las cosas ordenadas buscaría la
forma de ver que pasaba con la nevera, y limpiaría un ventilador que la señora
le dijo que estaba en el cuarto de los alimentos de los animales.
También decidió limpiar ese cuarto para usarlo como taller y arreglar las cosas que se
fueran dañando, además que ya había visto un par de comederos y un bebedero de
las gallinas que estaban en mal estado y así ya con los trabajos jerarquizados
y con la mente en orden, se durmió solo por un rato.
Pero como dicen por
ahí, uno propone pero Dios dispone, y aquí la que dispuso fue la señora que lo
llamo para que la ayudara a mover unos muebles que la dueña de la casa le había encargado, en esos ajetreos y en el
compartir de la merienda estuvo toda la tarde y no le dio tiempo de hacer lo
que había planificado, pero no importaba, tiempo era el que le sobraría si
sabia como distribuir sus obligaciones.
A todas estas,
mientras movía un mueble de aquí para allá y otro de allá para acá, empezó a
sentir nostalgia, ya que esto lo hacia en su casa cuando su mujer estaba viva,
y esto era muy a menudo, a ella no le gustaba tener la casa acomodada de la
misma forma durante mucho tiempo, manías o resabios que en todo caso a el no lo
incomodaban para nada, antes por el contrario lo hacia con gusto con tal de que
la mujercita no estuviera peleando.
Terminó de ayudar a la
señora quien le brindó café y le dijo que se fuera a reposar que cuando
estuviera la cena lo llamaba. Metió un pote de agua en el baño y se aseó, trajo
una de las cuatro cajas del patio y
empezó a sacar su contenido, eran útiles de cocina, ollas, platos, cucharas y
todo lo necesario para una cocina, las acomodó en la mesa y pensó que el mejor
espacio para ponerlos era en la enramada del patio porque allí estaba la
cocinita y el lavaplatos. También en sus labores propuestas estaba ahora hacer unos estantes para este fin.
Dejo de sacar las cosa
de la caja y se sentó nuevamente en el patio para esperar la hora de la cena y
se dio cuenta que los aires que estaban soplando eran completamente distinto de
todos los aires que le habían soplado la vida, especialmente después que decidió
a darse una vuelta por el mundo a raíz de la muerte de su mujer.
Y es que esta
circunstancia le movió completamente el piso, como si un terremoto lo hubiera
desplazado de su estado de comodidad y había dejado al descubierto sus
carencias o mas bien pensaba el hombre sus necesidades que no serian cubiertas
por las personas que formaban su entorno familiar, antes por el contrario,
empezó a darse cuenta que después que los hijos crecieron y se fueron a formar
sus familias ellos vivían como en una burbuja, aislados de las realidades de
las demás personas, que caminaban por la
otra acera de la calle, que sus prioridades no eran las mismas y donde una
obligación imprevista no estaba en sus planes y por lo tanto no la iban a
asumir y que él tampoco requería que lo hicieran.
El hombre se paró de
la silla y entro al traspatio y se puso a caminar alrededor del galpón de las
gallinas, los perros empezaron a ladrar y decidió sacarlos de su jaula, pero
antes revisó bien la cerca del galpón y de la casa para que no se fueran a
meter con las gallinas ni se fueran a salir para la calle. Sorpresa, soltó a
los perros y estos empezaron a saltar a su lado alegras de esta libertad que
quien sabe desde cuando no disfrutaban a lo mejor sin ninguna razón valedera,
en todo caso tenia que observarlos para ver como se portaban.
Entendió a los perros en
le acto, porque el también se había sentido prisionero no del espacio sino de
la incomprensión de las personas que aun viviendo tanto tiempo a su lado no
conocían sus realidades y sus reacciones ante imposiciones de conductas
acomodadas a su manera de ver la vida diferente a como él desde siempre las
había visto. Porque el mundo no es como uno quiere o cree sino como realmente
pasa.
Cuando murió su esposa
se quedó viviendo solo para no molestar a ninguno de sus hijos ya que ellos
tenían sus responsabilidades y no quería que tomaran la responsabilidad de
asistirlo. Y por aquí empezaron los problemas.
Primera las hijas
empezaron a turnarse una vez a la semana para limpiar la casa, pero siempre
llegaban con la cantaleta que habían dejado la casa y los hijos solos, el
hombre entonces contrato una señora que fuera un día antes para que limpiara la
casa y le lavara la ropa, que por cierto era muy poca y con el tiempo lo hacia
él mismo. Esto molestó a las hijas y no fueron mas.
Después el tema fue
que como estaba un poco viejo y vivía solo le podía dar algo a media noche y no
tenia a nadie que lo socorriera por lo que los hijos varones empezaron a dormir
de vez en cuando en su casa, el hombre encontró la solución aceptando un
trabajo como vigilante de una escuela privada, la guardia la hacían dos
personas que se turnaban para dormir un rato cada uno. Esto molesto a los hijos
y no fueron mas.
El siguiente tema fue
con la comida y una de las hijas se tomó
para si la obligación de mandarle casi
todos los días, con uno de los nietos, un vianda con comida suficiente para que
le alcanzara para el almuerzo y la cena. El hombre también encontró la solución
para evitarle la molestia a la hija, el profesor dueño de la escuela donde
trabajaba como vigilante tenia un restaurant y el hombre se le ofreció para
trabajar como ayudante de cocina. Le dieron el trabajo con una guardia fácil de
cubrir, llegaba a las diez de la mañana y salía como a las seis, de ahí para le escuela, comía todo lo que
quería y podía, esto molestó a la hija y no le envió mas al nieto con la
comida.
Entonces ya el
problema era que el hombre no tenia la necesidad de trabajar tanto ya que no
tenia obligaciones con nadie, y además cobraba su pensión, pero lo que no
entendían sus hijos era que el hombre si se había hecho la obligación de no ser
carga para ninguno de sus hijos, porque el se dio cuenta que estas cosas las
hacían casi obligados, y de esa forma no aceptaría nada de nadie.
Así pasaron varios
meses y el hombre se sentía bien y tranquilo, además ayudaba a unos nietos con
el pago del transporte y a una de las hijas que vivía sola y no le alcanzaba el
sueldo, le daba un poco de dinero y el profesor como compraba los víveres por
bulto, le hacia una bolsa de comida y se la descontaba del doble sueldo que
percibía, estos víveres se los daba a esta hija.
Todo parcia andar
bien, pero un día se reunió la familia y sin estar el presente lo juzgaron y
dictaron sentencia: Él no podía seguir viviendo solo, decidieron que la hija
que vivía sola se mudara para su casa, de esta forma ella no tenia que pagar
alquiler y de paso le acompañaba. El hombre no tuvo ni derecho al pataleo y
tuvo que aceptar a regañadientes la decisión de la familia.
En un principio esto
no le quitó el sueño, además que no pasaba mucho tiempo en la casa, inclusive
ni dormía en ella, solo un rato en la mañana cuando regresaba de su trabajo de
vigilante y a las diez se marchaba para el restaurant y entre discusiones y
argumentos lo hicieron renunciar al trabajo del restaurant con el pretexto de
que debía tomar las cosas con calma y que por culpa del ajetreo se le subía la
tensión.
Cuando empezó a estar
todo el día en la casa se dio cuenta que no congeniaba con la hija ni con los
nietos, sobre todo con la mayor que se la pasaba todo el día hablando por
teléfono o metida en la computadora, y de paso sus pertenencias fueron
desplazadas poco a poco y ya no las encontraba cuando las necesitaba y así se
le fueron perdiendo las herramientas, sus libros, y para evitar esto metió todo
en su cuarto y le puso candado.
Error garrafal, su
hija se molestó, lloró y le dijo que ninguno de ellos le iba a robar nada, a lo
que el señor con el pretexto de que tenia que arreglar la cerradura de la
puerta, quitó esta y no la puso mas nunca, el remedio fue peor que la
enfermedad, pero dejo el cuarto sin puerta hasta el día de hoy.
La familia se reunió
un día a sus espaldas y dictaminaron que el hombre ya estaba senil y que había
que buscarle solución antes que le pudiera pasar algo grave o saliera para la
calle y de pronto no se acordara de donde vivía. Esto se lo contó la nieta
adicta a las redes sociales. Aprovecho que en esos días estaba en la ciudad el
hijo de un amigo que era chofer de un camión que siempre lo invitaba a viajar
con el.
Acomodó un maletín con
todo lo que el hombre creyó necesario, el resto lo puso en las cuatro cajas y
las dejó en un rincón del cuarto que hasta ese día le sirvió como dormitorio. Y
aquí estaba sentado en una silla esperando la cena pero dispuesto a seguir
corriendo por su libertad.
NOTA: Este es un
relato de la conversación que tuve con un señor un día lluvioso en una casita
con techo de paja, paredes de madera y una lanchita de remos amarrada a la
orilla de la playa. El señor era muy mayor y solo lo acompañaban un par de
perros, pero su rostro irradiaba la felicidad de un hermoso sueño cumplido.
Cualquier parecido con la realidad de alguien es pura coincidencia.
Euclides
Vargas Johnson
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