Ese
es mi nombre y estoy acomodado en una rama en lo mas alto de una mata de mamón.
Amanecí
en esta rama y estoy pensando que hacer, oigo que me están llamando de la casa
para desayunar y no me decido a bajar o quedarme un rato mas, no se.
Estoy
aquí desde ayer y anoche sentí mucho miedo, oía ruidos que no sabía quien los
provocaba, si eran animales o el viento que movía las ramas, pero sea lo que
sea me dio miedo.
Tengo
buena memoria y aprendo rápido y estoy recordando como fue que llegue a esta
casa. Yo era el mas pequeño de mis hermanos y una mañana que mis padres
salieron a buscar comida, mis dos hermanos mas grandes y fuertes que yo, a empujones
me sacaron y me dejaron fuera de la casa.
Cuando
estaba en esta triste situación pasaron dos muchachos que al verme allí tirado
en el suelo llorando y casi desnudo me agarraron y me llevaron. En el trayecto,
trataba de hacerles entender que me dejaran tranquilo, pero que va, ellos como
que no entendían y no pararon hasta que llegaron a un lugar donde me dejaron en
las manos de una señora, que después supe que era su mamá.
En
ese lugar vivían un señor y una señora (José y María), los padres de los dos
muchachos (Pedro y Pablo). El día que llegue a esta casa la señora María me
envolvió en un pequeño paño y empezó a alimentarme poco a poco con leche y pan,
esto lo hizo hasta que pude comer solo.
Me
integraron a su familia, me sentía cómodo, me olvidé de mis hermanos pero no de
mis padres que no se que hicieron al regresar a la casa y no encontrarme, pero
en fin ya pasó. Me pusieron por nombre Pepe. Durante el día puedo ir donde
quiera pero por las noches para dormir, no se porque, me meten en un lugar.
Cuando
camino se ríen de mí, dicen que parezco un borracho. Nunca he visto uno por lo
que no me hace mucha gracia al asunto. Me gusta permanecer en mi lugar desde
donde puedo ver todo lo que pasa a mi alrededor. Me enseñaron a hablar y repito todo
lo que oigo sobre todo groserías, cuando tengo hambre armo un escándalo para
que me den comida.
Un
día decidí explorar un poco mas allá de mi pequeño entorno y me monté en esta
mata de mamon, como a tres metros de altura me puse a pensar que si me costaba
tanto caminar, a lo mejor podía volar, miré para abajo, no tuve que animarme
mucho y sin mas me lance al vacio y fui a parar directo al suelo, tragué arena
por los ojos y la boca. Estuve un rato mirando para arriba y deduje que me
había lanzado de muy poca altura.
Volví
a subirme a la mata de mamòn y ahora con mas trabajo ya que me dolía el pecho.
Cuando llegué a la mitad del árbol me detuve a descansar, mire la altura y me
dije ahora si volaré. Estuve como una hora allí en esa rama imaginándome en el
aire haciendo piruetas, sopló una brisita alentadora y decidido me lancé
nuevamente al vacio.
Caí
como una piedra y me di un trancazo en el trasero, quedé casi desmayado,
intente pararme y no pude, pero poco a poco me fue pasando el mareo; cuando logre
incorporarme me fui otra vez para la meta de mamom y me subí, ahora lo hice con
mucho esfuerzo y voluntad pero decidido
a terminar lo que había empezado y así llegue a lo mas alto de esta mata de
mamòm y como les conté al principio estoy aquí en esta rama pensando que hacer.
Tengo
miedo de lanzarme otra vez porque si no logro volar me puedo matar o bajarme de
esta mata y seguir caminando como un borracho.
No
se que hacer, oigo claramente a la señora María llamándome a desayunar, tengo
hambre y aquí arriba sopla mucha brisa.
Por
cierto no les he contado que soy un lorito real, ja ja ja.
Euclides
Vargas Johnson
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